Director: Brett Ratner.
Reparto: Dwayne Johnson, John Hurt, Rufus Sewell, Ian McShane, Ingrid Bolsø Berdal, Aksel Hennie, Reece Ritchie, Rebecca Ferguson, Joseph Fiennes, Steve Peacocke, Peter Mullan, Irina Shayk.
Guión: Ryan J. Condal y Evan Spiliotopoulos.
Música: Fernando Velázquez.
Duración: 98 minutos.
Estreno: 25 de julio de 2014 (Estados Unidos), 5 de septiembre de 2014 (España).
Es una lástima que Hollywood siga empeñado en comprar derechos de obras de cualquier tipo, en este caso de un cómic, para acabar haciendo una película que se aleja por completo de la letra y del espíritu del original. Hércules dice estar basada en Hercules: The Thracian Wars, escrita por Steve Moore, dibujada por Admira Wijaya y publicada por Radical, pero el parecido es remoto. El guión de la película, como es costumbre en estos casos, coge algunos detalles supuestamente para contentar a sus lectores, otros los cambia de personaje sin una explicación definitiva y asumible, y se aleja por completo del tono. Si The Thracian Wars es un tebeo violento y oscuro, Hércules es una película de aventuras colorista y casi familiar. Saber por qué no se parte de cero cuando no se quiere ofrecer esa fidelidad al material de referencia (y más con un personaje como Hércules, que surge de la mitología) es un misterio que probablemente nunca se aclarará. Y estas líneas comenzaban citando que en el fondo es una lástima esa falta de fidelidad porque la película, contra todo pronóstico y lejos del desastre que podía temerse, es una cinta de aventuras de serie B bastante digna y entretenida, clásica en muchos aspectos y divertida de principio a fin.
La idea de este Hércules, la de la película y no la del cómic, es humanizar al hijo de Zeus, convertir la leyenda en hombre, y en realidad también hacer el camino contrario, jugar más bien con la mezcla entre el mito y la realidad para que forme la columna vertebral de una historia de aventuras como hace años que no se hace. Sorprende que sea Brett Ratner (que ya había realizado una adaptación de cómic, una muy criticada en su momento, la de X-Men. La decisión final, sustituyendo a última hora a Bryan Singer) el director que ha sido capaz de realizar la aventura mitológica más clásica en muchos años, pero por mucho que sea él es digno de aplaudir. Lo digital se queda para los escenarios y para el prólogo, en el que se narran algunos de los famosos doce trabajos de Hércules, pero después se apuesta por la batalla rodada en el set, para los planos aéreos que muestran la estrategia de las batallas, para la inmersión en las peleas sin necesidad de planos mareantes, lo que permite seguir los movimientos de los actores y por tanto su personalidad como guerreros de una forma que es difícil encontrar en el cine contemporáneo. Y que se agradece, porque la tendencia mareante del actual cine de acción es preocupante. Por eso, aún asumiendo sus limitaciones, Hércules convence.
Lo hace porque busca mecanismos que funcionan. Hay momentos que recuerdan a Gladiator o a En busca del Arca perdida. Hay incontables referencias. Funciona porque es una película con un humor agradecido pero no excesivo. Porque sus escenarios, incluso los digitales, se ponen al servicio de la historia y no al revés. Y porque su reparto es carismático, empezando por un Dwayne Johnson que no podrá presumir de ser un gran actor pero al que tampoco se le puede negar el carisma que tiene cuando se ocupa de un personaje icónico. Resulta también difícil no fijarse en los veteranos John Hurt, Iain McShane y Rufus Sewell, pero también en la espectacular presencia como guerrera de Ingrid Bolsø Berdal (sigue pareciendo increíble que haya personajes femeninos secundarios tan atractivos en películas de esta clase y que no haya manera de que una heroína protagonice una cinta decente). Lo que más chirría es la demasiado ridícula presencia de Joseph Fiennes, en un papel que podía haber añadido un dramatismo más impactante a la historia, o la necesidad de apostar innecesariamente por la presencia de Irina Shayk como foco publicitario, que encima en España, probablemente por ser la pareja de Cristiano Ronaldo, le da un inmotivado espacio en el cartel (en conjunto, no aparece más de un minuto).
Eso y la aparente necesidad de vender la película desde su vertiente más fantástica aunque sea la que menos protagonismo tiene (así se desprende tanto de la escena de acción que se ve en el cartel como de sus trailers y anuncios televisivos) son los grandes errores de la película. También es obligado recordar la polémica que ha rodeado a su estreno después de que Alan Moore hablara del filme. El genial creador denunció que Steve Moore no quería ser acreditado en la película, después de que los manejos en los contratos le hicieron quedarse sin beneficio económico, pero que su nombre fue finalmente incluido después de que Moore (ninguna relación de parentesco con el creador de Watchmen) muriera el pasado mes de marzo. Alan Moore pidió el boicot absoluto a al película. De nuevo hay que volver al término con el que se abren estas líneas, la lástima. Porque es una lástima que una película de claro espíritu de serie B, de tan sincera diversión, sea producto en realidad de una falta total de valoración al creador del cómic del que surge. Duele que sea así, porque el cine y el cómic siguen siendo mundos condenados a entenderse. Alan Moore no lo entiende así, y estos casos parecen darle la razón. Pero la película resurge por encima de la polémica para cumplir con creces con su objetivo de entretener.