Director: Richard Fleischer.
Reparto: Brigitte Nielsen, Arnold Schwarzenegger, Sandahl Bergman, Paul L. Smith, Ernie Reyes, Ronald Lacey.
Guión: Clive Exton y George MacDonald Fraser.
Música: Ennio Morricone.
Duración: 89 minutos.
Estreno: 3 de julio de 1985 (Estados Unidos).
Aunque está basado en un personaje anterior de las novelas de Robert E. Howard, Red Sonja es un personaje nacido en el cómic. La Red Sonya de Howard era un personaje que vivía en el siglo XVI y nada tenía que ver con Conan, pero Roy Thomas adoptó aquella novela para que el protagonista fuera el bárbaro cimmerio y así, con dibujo de Barry Windsor-Smith, nació la pelirroja diablesa de bikini plateado. Como Conan el bárbaro fue un gran éxito que se intentó continuar con la mucho peor Conan el destructor, era lógico pensar que habría más espada y brujería. Era el turno de Red Sonja. Pero la oportunidad de crear un vehículo atractivo para una protagonista femenina se acabó diluyendo una manera más catastrófica de la que Supergirl (aquí, su crítica) no estuvo a la altura de Superman. El despropósito en que acabó convertido la película tuvo un apasionante reflejo en su versión española. Red Sonja se transformó en El guerrero rojo. Quizá los traductores españoles pensaron que el título de la cinta hacía referencia al personaje de Arnold Schwarzenegger o quizá fue un simple intento de aprovechar la fama en alza del culturista austriaco para vender alguna que otra entrada más. El propio Schwarzenegger ha llegado a decir que ésta es su peor película, y razón no le falta.
El principal problema no es que sea una película de serie B o de categoría inferior, que lo es, sino que hay un claro error de concepto a la hora de interpretar al personaje protagonista. La película es de 1985 y sorprende la extraña amalgama de decisiones controvertidas que se mezclan en el filme. Por un lado, parece evidente que el aspecto tradicional del personaje se consideró demasiado explícito para la época, aunque en el fondo siempre sea una decepción ver en pantalla a un personaje que no responde a un canon visual que gusta al aficionado. Pero, a cambio, no se se duda en retratar a la enemiga de Sonja, la reina Gedren, como una despótica lesbiana que masacra a la familia de la heroína por simple despecho, sin que se llegue a decir claramente pero sin que quepa ninguna duda. El desprecio de Sonja a los hombres queda ya no sólo infundado, pues es una mujer quien propicia el abuso que sufre al comienzo de su aventura, sino además ridiculizado por la sencillez con la que acaba ignorándolo. Como tampoco se abandona la situación de damisela en apuros en demasiadas ocasiones, aunque Sonja sea justo lo opuesto. Y Brigitte Nielsen no es la mejor elección. Se optó por la foto fija que daba una mujer alta para rivalizar con Schwarzenegger y se obvió la inexperiencia, al ser el primer papel de la entonces modelo.
Si a eso se añaden los escenarios nada disimulados de cartón piedra, la escasa preparación de los combates a espada, unos secundarios pobremente introducidos (Ernie Reyes sirve para seguir de forma nada disimulada la presencia de Jonatan Ke Quan en Indiana Jones y el templo maldito… pero en una versión mucho más insufrible) y una trama pobre que nunca llega a mostrar la espectacularidad del género, se puede entender que el resultado es aburrido y rutinario. Richard Fleischer, que ya había dirigido Conan el destructor, optó por un enfoque similar pero con un aspecto de improvisación bastante negativo. El personaje de Schwarzenegger iba a ser el de Conan y en un pequeño cameo, pero se le rebautizó como Kalidor al no poder conseguir los derechos a tiempo y se le hizo coprotagonista de la película, hasta el punto de que su nombre aparece en los créditos antes que el de Nielsen y su figura a un tamaño mucho más destacado en los carteles. Pero ni el recuerdo de Conan salva la película. La mejor muestra de lo que da de sí El guerrero rojo está en la batalla que mantienen los héroes con un monstruo acuático, en realidad, una máquina. Hay mucho de patético en la forma en que Schwarzenegger se revuelca con ese peso muerto, no tan lejos de cómo lo hacía Bela Lugosi en las películas de Ed Wood.
Puestos a rescatar algo de la película, es verdad que hay algunos escenarios sugerentes, como el lugar de entrenamiento de Sonja o ese puente construido a partir del esqueleto de una bestia de descomunal tamaño, incluso en la labor de Fleischer se puede hablar de la buena puesta en escena de la ceremonia para destruir el poderoso talismán que busca Gedren (interpretada, por cierto, por Sandahl Bergman, quien dio vida a Valeria en Conan el bárbaro y rechazó ser la protagonista de El guerrero rojo para no encasillarse). Pero buscar los pocos elementos positivos que hay en la película no es más que la nostalgia intentando que aquellas películas que muchos vieron de críos no sean en realidad tan malas como son. La película es un pequeño gran despropósito nada violento (hay que esperar hasta la batalla final para ver algo más que pintura roja en la punta de las espadas) que al menos no llega a la hora y media. Su carácter de serie B puede despertar por ella alguna que otra simpatía, pero no esconder sus muchas carencias. Red Sonja fue una de las primeras heroínas de cómic en afrontar la incapacidad del cine para hacer una película decente con una protagonista femenina y sigue esperando una adaptación digna. Esta, sea cual sea el rasero de cada espectador para pasar con ella un buen rato, no lo es.