Guión: Jaime Martín.
Dibujo: Jaime Martín.
Páginas: 160.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2014.
A todos los que leemos, seguimos, escribimos y formamos parte de la industria del cómic en España, absolutamente a todos sin excepción, tendría que provocarnos una sensación de rabia que un álbum como Las guerras silenciosas sea publicado en Francia antes que en España. Jaime Martín, autor español, cuenta una historia hondamente anclada no sólo en su propia vida, sino en la historia de nuestro país, retratando y criticando lo que significaba la mili entre los jóvenes españoles de hace algunas décadas, pero al mismo tiempo mostrando cómo era la sociedad desde diferentes puntos de vista en los años del franquismo. Esto es historia de España, es su reflejo en el mundo de la cultura, en este caso del cómic, y es justo lo que, de una y otra manera, se cuenta mejor fuera que aquí. Las guerras silenciosas casi parece, además de un título rotundo y adecuado, un lamento por cómo sobreviven los autores españoles. Pero una vez pasada esa rabia, lo que queda es el agradecimiento. Hay que dar gracias a que todavía haya interés en contar historias como ésta, a que se cuenten con semejante sensibilidad, con un toque contemporáneo pero que no rompe la esencia de los recuerdos de quienes sí vivieron peripecias similares a las del protagonista de este álbum, que no es otro que el padre del propio Martín.
Hay en la historia de Martín mucho más de lo que se vislumbra en su cubierta o en su contraportada. Las guerras silenciosas no es una historia sobre la mili, aunque también. No tiene un tono glorificador, aunque no falta ese toque de quien recuerda una vivencia con cariño. Y no es únicamente la historia de su padre, aunque es el germen inicial del relato. Lo que hace que Las guerras silenciosas tenga un sabor diferente, agradable, entrañable y narrativamente lúcido es su exquisita mezcla entre el ahora y el ayer, entre las motivaciones del propio Martín para hacer este tebeo convirtiéndose él mismo y también a toda su familia en personajes y el retrato de esa sociedad franquista que tan acertadamente muestra. Es tanto la aventura militar en el noroeste de África a comienzos de los años 60 como las tribulaciones de un autor para escribir su siguiente cómic. Y hay tanta verdad, tanta sinceridad y tanta cercanía tanto en una como en otra parte del relato. Eso es lo que resulta excepcional. Una no es la excusa para la otra, sino que ambas son complementarias. Y aunque el núcleo sean los hechos de los que tan poco se ha hablado en nuestro historia y que afectaron a tantos jóvenes españoles, las claves acechan en la primera y en la última secuencia, en las que no asoma un militar sino la propia vida.
Como dibujante, Martín hace crecer la historia desde ambas vertientes. Por un lado, hay un gran trabajo de documentación para que los elementos militares y africanos parezcan auténticos. Y por otro, la expresividad de los personajes recuerda que hay mucho más que eso en Las guerras silenciosas. Sin el espléndido dibujo, quizá habría sido imposible entender los miedos de Martín como escritor (con esas delirantes secuencias que muestran al resto de la gente como muertos vivientes o el sueño en el que aparece el Capitán América) o la relación con su familia, pero también que fueran creíbles escenas como la práctica de tiro, el encantador diálogo a través de las cartas entre el protagonista y su novia, la adopción de la ardilla o el magnífico retrato del papel de la mujer prometida con un militar en la sociedad franquista. Por lejanas que el lector pueda llegar a considerar las vivencias que se detallan en Las guerras silenciosas, Martín consigue establecer una enorme complicidad. Lo hace con los personajes masculinos, pero es imposible no destacar la sutil manera en que utiliza a las mujeres para ese mismo fin. Para comprobarlo, no hay más que ver la última página del libro, con el lenguaje corporal de su pareja y de su madre. El libro ya ha convencido mucho antes, pero ahí remata una gran obra.
Dupuis publicó originalmente Les guerres silencieuses en agosto de 2013. Como contenido extra, el volumen incluye una serie de documentos y fotografías reales y una página con bocetos de personajes y vehículos.