Guión: Francisco Pérez Navarro.
Dibujo: Josep María Martín Saurí.
Páginas: 72.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2014.
Cuando uno se asoma a las páginas de La Odisea de Francisco Pérez Navarro y Josep María Martín Saurí se antoja complicado asumir que hace 35 años que publicaron la obra por primera vez. Y una vez vista esta edición, la primea que rompe la barrera del blanco y negro, es igualmente complejo asimilar que hasta ahora no se había visto nunca esta obra en color. Es evidente que la obra tiene un estilo clásico (término que hay que aplicar al cómic de finales de los años 70, no al tema que trata) y que el color, preciosista trabajo de Esther Sanz, es completamente actual, pero el disfrute es el mismo. Da igual que se lea por partes o en un volumen, en francés o en español, en blanco y negro o en color, La Odisea es un cómic imprescindible en la historia del cómic español y nunca es tarde para descubrirlo por primera vez, en cualquiera de sus ediciones previas. Si es un relato ya de por sí complejo, el añadido del color profundiza en esa percepción, con tonos oscuros y dramáticos, que sirven tanto para potenciar la belleza física y la perfección atlética de los personajes como para hacer que los escenarios cobren una nueva vida. Es La Odisea de siempre, pero es también una nueva, gracias a una labor que respeta los méritos originales y lleva la obra a una nueva dimensión.
Obviamente, esta versión de La Odisea no pretende ser exhaustiva. Sus 64 páginas condensan las más de 300 en las que suele publicarse la obra de Homero, y Pérez Navarro lo hace con bastante brillantez. No se siente en ningún momento que se esté pasando de puntillas por algún suceso trascendental o que falte algo. Es claramente un tebeo más expositivo que narrativo, se apuesta por mostrar los hechos antes que detallarlos, especialmente en algunos pasajes d el mismo relato de Odiseo a sus anfitriones y no tanto en el cuidado preámbulo de la historia. Pero al mismo tiempo Pérez Navarro disfruta deteniéndose en algunos detalles muy concretos, como las lágrimas de Odiseo, el poder del Cíclope, la atracción de Circe o las aterradoras capacidades de la Escila. Son esos detalles los que hacen que la narración no caiga en una frialdad que siempre bordean los relatos mitológicos y los que dan humanidad a los personajes en la interpretación que de ellos hace el guionista. Y también logra que el lenguaje no suene anquilosado, que los textos de apoyo no lastren el ritmo de la historia, cerrando así un espléndido trabajo de adaptación.
En realidad, y sin que suena a que se desmerece el completo y complejo trabajo del guionista en esta adaptación, lo que Pérez Navarro hace es dejar que La Odisea luzca más desde el punto de vista visual. Y así Josep María Martín Saurí no sólo asume el reto que se le propone sino que firma un trabajo excepcional, en el que mezcla lo más grandioso del mundo mitológico que retrata y lo más personal que fluye en las sensaciones de cada uno de los personajes protagonistas. Hay un inmenso disfrute en ver a los gigantescos lestrigones en acción, la fuerza de la naturaleza en las tormentas que azotan a las naves en las que viajan Odiseo y sus hombres, pero también en la visión de las anatomías, tanto masculinas como femeninas, con las que rellana los momentos más personales. Es la misma mezcla que hace el guión entre lo aparentemente más pequeño (que encuentra su punto más álgido en las escenas en las que una lágrima furtiva recorre un rostro) y lo más espectacular (lo que se recoge con más fuerza que en ningún otro sitio en la viñeta de gran tamaño en la que Odiseo se toma cumplida venganza al regresar a su hogar). La Odisea es un tebeo magnífico. Lo era en 1979 y lo sigue siendo hoy en día, cuando ya tiene aparejada la etiqueta de clásico que encuentra aquí, probablemente, su versión definitiva.