Guión: Osamu Tezuka.
Dibujo: Osamu Tezuka.
Páginas: 544.
Precio: 25 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Mayo 2014.
El tiempo y el respeto hacen que valorar obras como La canción de Apolo sea más complejo pero a la vez más apasionante. A Osamu Tezuka se le recuerda como el Dios del manga, lo que inmediatamente lleva a leer este descarnado y brutal relato sobre el amor (y muchos más temas) con una mirada cargada de expectación y consciente de que será difícil que defraude a nadie por su gran profundidad y por su impactante narrativa. Y al mismo tiempo estamos hablando de una historia que se publicó por primera vez en los años 70 del siglo pasado, en los años en los que la educación sexual comenzó a ser algo tangible entre la juventud japonesa, lo que obliga también a hacer un esfuerzo de contextualización. A pesar de estas advertencias y el hecho de que sea un manga extenso que supera las quinientas páginas, es difícil no caer en el juego de Tezuka y devorar su historia con una enorme facilidad. Devorarla, porque la lectura es rápida, y disfrutarla porque es apasionante, entretenida, pesimista en muchos sentidos pero al mismo tiempo plagada de momentos inolvidables, propiciados por una enorme imaginación, por los enormes saltos de escenario que plantea el autor y porque sus personajes están magníficamente desarrollados.
A causa de un trauma infantil con su madre, Shôgo Chikaishi detesta el hecho de amar y ser amado, hasta el punto de despertar en él sus más violentos instintos. Por eso, se verá abocado a enamorarse una y otra vez de una mujer pero a sufrir su muerte o la de su amada antes de que ese amor se consuma. Tezuka juega así con una doble sensibilidad, la de mostrar la cara más bella del amor, la que se hace camino incluso en las circunstancias más adversas, como el triste pesimismo de no llegar nunca a un final feliz. Apostar por un protagonista psicológicamente afectado le lleva también a un relato turbio, oscuro, insano por momentos, y que no se detiene en las concepciones más sinceras del amor, adentrándose así en los terrenos del sexo (aquí hay que insistir de nuevo en la época en la que se hizo el manga y los tabúes que había sobre la materia en aquel momento). Pero la forma en la que va cambiando el escenario (la Alemania nazi, una isla desierta poblada por animales singularmente sensibles o un futuro en el que seres sintéticos están tomando el lugar de los humanos) le permite explorar diferentes formas de amar y de enamorarse, mezclando sueño y realidad de una forma tan sutil en ocasiones como apabullante en otras.
Visualmente, Tezuka es reconocible en todo momento, quizá más cercano a obras de sus primeros años como Astro Boy que a posteriores títulos de referencia como Adolf, pero siempre consciente de que su narrativa es espléndida, como se ve en algunas secuencias, en viñetas giradas, en las transiciones entre una y otra historia y en la enorme expresividad de sus personajes. La canción de Apolo buscaba un público adulto y eso se deja ver en su dibujo, especialmente de las formas femeninas. Es consciente la falta de detalle en los desnudos (se nota un deseo de que la historia esté siempre por encima del escándalo o la polémica, por dura o intensa que sea el instante que relata), pero al mismo tiempo hay tanto erotismo como romanticismo. Tezuka expone con una enorme facilidad un complejo retrato sobre el amor que esconde algunas paradojas; su mismo tema apunta a un enfoque alegre, que se permite en algunos instantes muy concretos, pero le da un envoltorio pesimista, casi lúgubre en ocasiones. No lo esconde, puesto que desde el principio enmarca el amor en el objeto de la violencia y en el centro de una maldición, pero es difícil no enternecerse con su visión trágica de la pasión. Tendrá sus defectos que le alejarán de las míticas obras de Tezuka, pero es una lectura sensacional.
El volumen incluye la obra completa Apollo No Uta JAP, publicada originalmente en la revista Weekly Shōnen King entre abril de 1970 y noviembre de 1972, después recopilada en tres volúmenes. El único contenido extra es un epílogo escrito por el propio Osamu Tezuka que se presume de 1977.