Guión: Antoine Ozanam.
Dibujo: Antoine Carrion.
Páginas: 96.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2014.
Aunque se puede tardar algunas páginas en asumirlo y por utilizar una expresión que hoy es más que reconocible entre los aficionados al género, La sombra blanca es un auténtico juego de tronos. Es una lucha por el poder, pero que parte de un escenario singular. Antoine Ozanam y Antoine Carrion, que ya han colaborado juntos en El canto de los sables o Temudjin utilizan esa experiencia previa para experimentar un poco, para arrancar la historia en un punto atrevido y jugando con algún que otro elemento de corte fantástico, pero rápidamente van al grano, a lo que les interesa. Y eso no es otra cosa que la naturaleza traicionera de los hombres y mujeres poderosos que retratan en su historia. No hay héroes, no hay villanos, sólo hay intereses y alianzas que lleven a cumplir los anhelos de poder. En realidad, lo más poderoso que hay en La sombra blanca reside en que se intuye que es una lucha de años que se ha desatado por el secuestro del príncipe Mozes justo cuando el rey Benedek está muriendo, aquejado de una larga enfermedad. Casi da la impresión de que falta un episodio previo, pero esta es la historia completa, que llega a una apasionante conclusión.
Dada la tipología de personajes que muestra en La sombra blanca, no hace falta decir que la impresión que Antoine Ozanam tiene sobre el ser humano es francamente negativa. La traición, la maquinación, la inquina y el poder son los únicos motores de las acciones de los personajes, nobles todos ellos pero presas de las bajas pretensiones. No importa cuántos ni quienes mueran para conseguir lo que el título del segundo volumen bautiza como La corona de sangre. Ozanam, en realidad, casi propone al lector un juego macabro que consiste en tratar de averiguar quién tiene las de ganar en esta competición por el trono. Y como muy pronto se desatan las hostilidades, el juego es apasionante. Quizá, por eso mismo, sepa a poco, porque hay personajes que podrían haber dado un juego mayor, y por eso da la impresión de que a la historia le falta un episodio más, no necesariamente colocado antes de los dos que forman esta obra pero sin duda incluyendo elementos anteriores que ayuden a posicionar en un mapa de lealtades a todos ellos antes de que se produzca el secuestro del príncipe con el que se inicia el relato.
Dadas esas ligeras irregularidades, se puede decir sin miedo que La sombra blanca destaca más por su labor gráfica. Carrion pone el énfasis en tres campos que complemente a la perfección. Por un lado, crea unos personajes muy expresivos, capaces de dejar claro quiénes son y qué están haciendo incluso prescindiendo de los diálogos. Por otro, aprovecha con mucha habilidad los diferentes escenarios, especialmente los naturales, en los que se desarrolla la historia. Y, finalmente, utiliza con mucho criterio el color para que ayude a asentar el tono de cada escena, y no es casual que casi toda la historia cobre forma con tonos ocres y fríos, una idea sólo rota por el rojo de la sangre. La sombra blanca es un relato medieval intenso, sin concesiones y directo al grano, que bordea el más absoluto cinismo en ocasiones y que funciona como historia de género, como intriga política y como una gozosa escabechina de aspirantes a ocupar un trono de un reino indeterminado, en el que la superstición comienza jugando un papel importante para dejar paso a las maquinaciones de prácticamente todos los personajes que se asoman a la escena.
El volumen integral incluye los dos álbumes de L’Ombre Blanche, La Traque du Sans-nom y La Coronne de Sang, publicados originalmente por Soleil en febrero de 2013 y enero de 2014 respectivamente. El libro no cuenta con más contenido extra que las ilustraciones de portada de ambos álbumes.