Es evidente que Las oscuras manos del olvido (aquí, su reseña) no es un tebeo más. Su temática incita a muchos más debates de los que puede provocar cualquier otro álbum realizado por autores españoles y Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí son plenamente conscientes de ello. Por eso, en la presentación del cómic que lugar el pasado miércoles día 25 de junio en la Fnac de Callao, en Madrid, se habló más de terrorismo y de víctimas que de viñetas, aunque hubo tiempo para todo. Además de los autores, en el acto estuvieron presentes el editor del tebeo en Norma, Rafael Martínez; Cristina Cuesta, directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco, fundadora del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco y a quien Hernández Cava y Seguí dedican Las oscuras manos del olvido; y el escritor Raúl Guerra Garrido, Premio Nacional de las Letras en el año 2006 entre otros muchos galardones. En el fondo, la presencia de esta clase de invitados viene a ser un reconocimiento de la importancia del cómic, de su capacidad de llegar a audiencias adultas y de tratar temas serios y eso es algo de lo que todos debemos congratularnos.
De los dos autores, el primero en hablar fue el guionista. Hernández Cava explicó que «este álbum lo concebimos Bartolomé y yo en 2010, estábamos en una terracita en Cuenca, en una noche muy agradable y empezamos a hablar de la posibilidad de hacer este trabajo juntos, pero era un trabajo que pensábamos que era tan complicado o pesaba tanto la responsabilidad de hacerlo que nos íbamos a tomar un tiempo mientras el trabajo se iba madurando». «La necesidad de hacer este álbum obedecía a que yo empezaba a tener la sensación de que en el País Vasco estábamos pasando de aquella maldita sentencia de ‘algo habrá hecho’ cuando asesinaban a alguien a otra que poco a poco iba imponiéndose que es la del ‘aquí no ha pasado nada'», explicó el autor, quien justificó su voluntad en «la empatía con muchas personas que conocía y otras que he ido conociendo con el paso del tiempo». «Yo sentía una cierta obligación moral de contar una historia de esta índole y me parecía que me iba a sentir magníficamente compenetrado con Bartolomé para que los dos afrontáramos esta aventura», añadió. En ese sentido, recordó que el terrorismo no es un tema nuevo para ellos, puesto que colaboraron en el álbum 11-M, 11 miradas que el propio Hernández Cava coordinó.
Seguí, por su parte, y dado el cariz social y testimonial que tuvo el acto no quiso detenerse en cuestiones técnicas porque habría sido «banal», aunque dio algunos detalles del origen del aspecto visual del álbum. También quiso destacar que desde el principio vieron «claro que no iba a ser un libro fácil, que no iba a ser una obra complaciente y al mismo tiempo supuso una carga de responsabilidad». «Había algunas otras de literatura que tocaban el tema, pero en el caso del cómic no, aparte de un trabajo que hizo Ramón de España hace un par de años y que trataba el tema del terrorismo de forma bastante tangencial», dijo para apuntar la importancia de Las oscuras manos del olvido. Seguí no dudó en proclamar que el cómic «es un medio adulto, como lo puede ser el cine o la literatura». A su juicio, que personas como Cuesta les hayan transmitido su reconocimiento por lo que plasman en el álbum «hace que el esfuerzo haya merecido la pena». «En ningún momento pensamos que este trabajo iba a convertirse en un tratado sobre terrorismo ni que iba a tener más trascendencia más allá de lectores que tuvieran una predisposición a escuchar el mensaje», sentenció.
Antes de que tomaran la palabra los autores, hablaron tanto el editor como los dos invitados de honor. «Estoy entusiasmado por publicar un libro como éste», explicó Martínez, convencido de que será el primero de muchos que hablen de este tema porque «por fin se va a levantar la manta y se va a hablar sin miedo de lo que hemos sufrido durante tantos años con el terrorismo de ETA». «Ahora, al igual que yo, habrá muchísimos editores, espero, que sin ningún tipo de miedo empiecen a publicar libros y se empiecen a escuchar y a saber tantas historias que ignoramos», añadió, convencido de que «de ETA se ha escrito muy poquito, al menos de una forma libre y sin ningún tipo de miedo» y de que «éste es uno de los libros que rompe ese hielo, sobre todo desde el punto de vista de la novela gráfica». «Hay que ser activos», sentenció el editor, convencido de que los editores «tenemos que dar cabida a este tipo de planteamientos, como hicimos con Persépolis, como hemos hecho con Sansamba, que es la vida de uno de los decenas de miles de africanos que se están arrastrando por las calles de España y no hacemos nada».
Cuesta recordó que lleva treinta años trabajando «por la memoria de las víctimas». De Las oscuras manos del olvido destacó que se trata de «una narración trepidante, impactante por novedosa en su enfoque, chocante también porque el personaje que defiende a las víctimas es un hombre de acción, que cumple su palabra» y «un recorrido ilustrado y reflexivo por la verdad del terrorismo, sus complicidades, sus miserias, donde brilla la inocencia y la humanidad de los directamente afectados en contra de la vileza de todos los demás». Cuesta recordó que hay pocas obras que hablen «desde la perspectiva de los oprimidos, ahondando en su humanidad, en sus reivindicaciones», y en ese sentido calificó al álbum de Hernández Cava y Seguí como «una anormalidad, en el sentido de ir contra corriente de la moda del buenismo, de neutralización de la víctima y del triunfo, espero que no definitivo, extrapunitivo del mundo de ETA». Además, entiende que el cómic «denuncia la carencia de un discurso alternativo al discurso legitimador del terrorismo, un discurso constitucional, democrático, ético e integrador más allá de la inercia del frío funcionamiento del estado de derecho».
Tras Cuesta habló Guerra, que puso el énfasis en una cuestión, quién va a escribir la historia de este proceso de paz, «si las víctimas o los victimarios». «Los víctimas lo tienen, lo tenemos, mal, muy mal», explicó, parafraseando a John Ford, «que siempre recomendaba que entre la realidad y la leyenda siempre había que rodar la leyenda, y las víctimas lo que queremos es recordar una realidad hórrida, horrible». Para el escritor, «ese aspecto heroico» de ETA «lo han sabido vender muy bien». «El acierto de la portada es tremendo», comenzó diciendo sobre el álbum, en el que señaló la gran influencia de La peste, de Camus, sobre todo en su resolución.Y de su protagonista explicó que «se levanta como un arquetipo, con una fuerza sorprendente, y heredero de las mejores narraciones secas, duras, frías de la mejor novela negra, podríamos decir a Dashiell Hammett y a mí en la literatura española me recuerda a alguna novela de Marsé». Sobre el dibujo señaló que «no se permite ninguna distracción, se ciñe a ese relato doble, el histórico y el de la aventura, qué esta pasando, no hay planos extraños, es como una cámara subjetiva no siempre del protagonista sino de alguien que pasa lateralmente, pero es puramente realista».
Y hubo mucho más. El audio completo de la charla se puede escuchar en este enlace.