Guión: Louis.
Dibujo: Valentin Sécher.
Páginas: 104.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2014.
Cada cierto tiempo llega una obra que recupera las bondades de la ciencia ficción más pura. Khaal. Crónicas de un emperador galáctico se puede apropiar de esa etiqueta con bastante legitimidad. Stéphane Louis y Valentin Sécher firma una historia apasionante, la de Khaal, el hombre que domina con mano de hierro una prisión espacial perdida y olvidada denominada E.T.H.E.R., en la que conviven tres razas diferentes. Los autores acaban trazando una espléndida lucha por el poder en la que no hay héroes ni compasión, en la que sólo hay planes para seguir viviendo o para arrebatar el dominio a quien lo ostenta, en la que la violencia es más que un medio para conseguir los objetivos y en la que todos los personajes tienen ambiciones peligrosas. Y por el camino lo que queda es un relato complejo, fascinante por momentos, quizá un tanto más ambicioso de lo que acaba mostrando pero que sabe sortear los problemas que afronta para convertirse en una space opera atrevida en muchos de sus planteamientos, con personajes carismáticos y con un desarrollo notable, dejando la sensación de que el segundo de los dos álbumes que incluye el libro redondea al primero y mejora el resultado final.
La ventaja de leer de forma continuada los dos álbumes de Khaal es que permite extraer conclusiones más acertadas. Porque el primer libro, por separado, es probablemente demasiado episódico y expositivo, y no es hasta el segundo cuando de verdad entra Louis en muchas de las subtramas que plantea desde el principio. En el primero se aprecian con más claridad las influencias que hay, tan incontables que van desde John Carter a Dune, pero todas ellas pasadas por un tapiz cínico, que muestra una visión cruel del ser humano (aún cuando ese término es de difícil aplicación en un relato de ciencia ficción como éste). Del trabajo de Louis fascinan muchos conceptos, empezando por ese descompensado triunvirato que Khaal domina de forma despótica y cuya naturaleza cambia por completo con la revelación final del primer álbum, siguiendo por la guerra contra los xenospsilianos y la brutal forma en la que concluye el primer álbum, y ya en el segundo el atrevido uso del sexo como vínculo psíquico o la espléndida y apocalíptica conclusión. Como no hay héroes, Louis tampoco se contiene. La violencia es constante y marca el tono de Khaal de principio a fin y con mucha precisión. Es exactamente lo que requiere el universo que teje.
Y eso lo entiende a la perfección Valentin Sécher. Es su primer trabajo en el mundo del cómic y con él ya se ha asegurado que su nombre esté apuntado en muchas agendas. Su estilo fotorrealista se ajusta a las pretensiones de la obra desde el principio y es francamente difícil encontrar defectos en su trabajo. Domina los espacios más fantasiosos, creando unas arquitecturas fascinantes, de la misma forma que la anatomía humana y las coreografías de combate. Al mismo tiempo, sobresale en los conceptos más propios de la ciencia ficción (magníficas sus naves o sus criaturas) y sabe encontrar el punto adecuado para que la violencia inherente al relato, que muestra además de forma bastante gráfica en ocasiones, no se convierte en algo desagradable, sino en un elemento más de la narración. Con los muchos aciertos del dibujo de Sécher, que se multiplican en el gran formato del álbum, y los muchos aspectos imaginativos del trabajo de Louis, Khaal. Crónicas de un emperador galáctico se convierte en una espléndida lectura para aficionados a la ciencia ficción dura, pero también para quienes disfruten de una space opera oscura.
El volumen incluye los dos álbumes de Khaal. Chroniques d’un empereur galactique, publicados originalmente por Soleil en junio de 2011 y septiembre de 2013 respectivamente. Como contenido extra, además de las cubiertas de los dos volúmenes, el libro ofrece un portafolico de bocetos de los personajes y de algunas de las páginas.