Guión: Michael Alan Nelson.
Dibujo: Diógenes Neves y Chad Hardin.
Páginas: 72.
Precio: 6.95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Marzo 2014.
Mike Johnson y Mahmud Asrar hicieron de Supergirl una de las series más genuinas, entretenidas y mejor hechas del nuevo universo DC. Lo hicieron sin pretensiones, sabiendo que este título no iba a acaparar titulares ni tampoco incluir acontecimientos demasiado trascendentales para otras series, a pesar de su clara, directa y bien llevada vinculación con Superman. Si en el tercer número publicado en España y en La llegada de H’El (aquí, su reseña) ya se puso fin a esa etapa, en esta cuarta entrega ya se ve que Michael Alan Nelson y Diógenes Neves han querido dar un giro a la serie pero que éste sea consecuente con el poco bagaje previo que hay en el relato. Y de la misma forma que funcionó esa Supergirl emocionalmente perdida en la Tierra, lo hace esta Kara confundida en el espacio. Porque el personaje sigue siendo el mismo, básicamente una adolescente sin mucha suerte, y eso es mérito de Nelson, la espectacularidad visual de la serie se mantiene aunque el estilo de Neves sea diametralmente opuesto al de Asrar (que todavía se puede ver en esta entrega a través de las portadas), y la vinculación con los mitos del Hombre de Acero sigue siendo cada vez más evidente para que Supergirl sea una serie anclada en ese mundo aunque tenga una personalidad propia que se agradece.
De una forma mucho más acentuada que en Superman, Krypton es esencial para entender a Supergirl como un personaje de carne y hueso. Nelson lo sabe y lo explota francamente bien en este encuentro de Kara con Superman Ciborg. Es verdad que este villano, que nació por un motivo muy concreto en el antiguo UniversoDC (formar parte del desarrollo de la trascendental saga de La muerte de Superman) no está tan bien perfilado como el propio personaje principal, al menos a simple vista y en las primeras páginas de su aparición, pero el guionista se guarda una espléndida sorpresa que engrandece su presencia. Más de una, en realidad. El objetivo de Nelson es expandir el universo singular de Supergirl y entiende que eso ya no podía hacerlo en la Tierra ni con Superman. Y aunque la acción es constante y el ritmo vertiginoso, no deja en ningún momento que se pierdan las emociones de Kara como el auténtico motor de la historia. Es tan creíble ver la ira de la joven como sus lágrimas, algo que puede parecer trivial pero que hace recordar que a la protagonista aún le queda tiempo para alcanzar una madurez completa, es una adolescente y desde que despertó de su sueño en la Tierra no ha hecho más que afrontar problemas, traiciones y decepciones.
Nelson da además al dibujante sobrados momentos para el lucimiento, por la enorme multiciplicidad de personajes que incluye, por los exóticos escenarios que propone y por las ya mencionadas escenas de acción. Diógenes Neves (ayudado en el segundo de los tres números que incluye esta entrega por Chad Hardin). Quizá el único aspecto en el que Neves pueda decepcionar ligeramente es en los rostros de los personajes, que exhiben poca variedad, pero siempre son creíbles y además la coreografía de los combates es muy acertada y dinámica. Aunque menos personal que Asrar, que es quien dio a Supergirl su primer gran aspecto como serie en el reformado universo DC, Neves sabe aprovechar los puntos fuertes para entretener más que dignamente al lector. Supergirl sigue siendo así una serie atractiva, visual y argumentalmente, una lectura asequible para quienes apenas conozcan al personaje porque de forma constante se recuerdan los aspectos que están configurando su personalidad y que en esta cuarta entrega tiene su punto álgido en el segundo de los números, cuando Kara se enfrenta a todos los demonios que han amargado su existencia desde que llegó a la Tierra. Sin necesidad de ser rompedora o excelsa, sigue siendo una serie entretenida y a reivindicar.
El volumen incluye los números 22 a 24 de Supergirl, publicados originalmente por DC Comics entre julio y septiembre de 2013. Además de dos artículos firmados por Fran San Rafael, el único contenido extra de esta entrega son las ilustraciones originales de portada, obra de Mahmud Asrar.