Guión: Pierre Wazem.
Dibujo: Pierre Wazem.
Páginas: 132.
Precio: 18,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2014.
Más que una historia, Marte, ida y vuelta es un viaje, el mismo que insinúa el título de la novela gráfica. Pierre Wazem ejerce como autor completo de un relato tan extravagante como fascinante, tan personal como fantástico, tan intimista como espectacular. Es, al mismo tiempo, una autobiografía parcial y un canto de amor al propio mundo del cómic, pero sobre todo es un cuento. Uno con sus rincones oscuros, con un protagonista (un autor de cómics frustrado por la falta de ideas y de motivación y al que no todo le va sobre ruedas en su vida) que no siempre merece las simpatías del lector, y que parte de una premisa pesimista para acabar convertido en algo esperanzador. De alguna manera, es una de esas lecturas que no se van cuando se cierra el libro. Y quizá parte de esa enorme amalgama de géneros y circunstancias haga que sea difícil definirla, incluso admirarla en su justa medida, pero deja un poso intenso, aunque sea por momentos muy concretos como el hallazgo de Marte dentro de una cabaña abandonada o por situaciones específicas como el erizo con dorsal que deja bien claro al lector que no estamos ante una historia costumbrista.
Wazem es calculadamente ambiguo en su presentación del protagonista. Adúltero en su matrimonio, pero mostrando una escena en la que precisamente vencen los remordimientos. Cansado de su vida, pero al final dispuesto a luchar para cumplir sus pretensiones y cambiar su destino. No del todo convencido de sus aptitudes como padre, pero preparado para cumplir las ilusiones de sus hijos al final del camino. Es, obviamente, un viaje, de un mundo grisáceo a uno mucho más pintoresco, más alegre, más esperanzador. Y en ese camino, Wazem combina con inteligencia elementos realistas con otros absolutamente fantasiosos. Marte se convierte así en el motor de la transformación, en el detonante de la ilusión, en el catalizador del cambio en el protagonista y, de alguna manera, en protagonista del metalenguaje que usa el autor, puesto que Marte, ida y vuelta es al mismo tiempo la novela gráfica que el protagonista quiere hacer y la que el autor está contando. Puede que ahí sea donde se le escape algo el resultado final a Wazem, porque no termina de quedar claro si lo que busca es una fábula moralizante, un relato optimista o una más enrevesada manifestación onírica de la obsesión, pero el resultado final sigue siendo notable.
Lo que no se puede negar, en todo caso, es que cada página tiene un impresionante poder de magnetismo, incluso aunque el resultado final pueda dejar alguna duda en lectores concretos. Wazem, como dibujante, opta por una buscada sencillez, por una economía de líneas y por una cuidada ambientación mediante las sombras y tonalidades ocres y apagadas que no cambian, precisamente, hasta el optimista final. El color es, por tanto, una de las armas más valiosas de Wazem, ya que las diferentes tonalidades de rojo (el de Marte, el de las piruletas, el del teatro de guiñoles) son las que rompen el aspecto general. Marte, ida y vuelta es un relato fascinante sobre las dificultades de ser adulto, sobre las manifestaciones de las relaciones personales que vamos estableciendo en nuestra vida y sobre la necesidad de mantener la imaginación infantil para poder seguir adelante. La temática y la sugerente forma en la que Wazem la desarrolla hacen de ésta una lectura fascinante, atrevida en algunos momentos y arrebatadoramente personal, aún con algún que otro altibajo narrativo que, al llegar al final, ha quedado ya prácticamente olvidado gracias al enorme caudal de sinceridad e imaginación que derrocha Wazem.
Futuropolis publicó originalmente Mars aller-retour en agosto de 2012. El volumen no tiene contenido extra.