Título original: Green Lantern.
Director: Martin Campbell.
Reparto: Ryan Reynolds, Blake Lively, Peter Sarsgaard, Mark Strong, Angela Bassett, Tim Robbins, Temuera Morrison, Geoffrey Rush, Michael Clarke Duncan.
Guión: Greg Berlanti, Michael Green, Marc Guggenheim y Michael Goldenberg.
Música: James Newton Howard.
Duración: 113 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 17 de junio de 2011 (Estados Unidos) y 29 de julio de 2011 (España).
La percepción de que DC no ha entendido todavía cómo llevar al cine a la mayoría de sus personajes encontró en Green Lantern una clarísima manifestación. No se puede negar que el resultado es entretenido y está lejos de la catástrofe que algunos críticos quisieron ver en la película, pero es también obvio que resulta prescindible e incluso olvidable. Tanto que, aún dejando un final abierto (que, en realidad, forma parte de lo mejor del filme), la pretendida secuela de la que se hablaba incluso antes del estreno de esta primera entrega ha quedado ya en el olvido y el personaje probablemente espera ya una nueva versión mediante un reboot individual o como parte de la ya esperada película de la Liga de la Justicia. En realidad, la película ofrece todo lo que cabe esperar en una historia de origen, que es el camino dominante en el salto de los superhéroes de cómic a la gran pantalla, pero siguiendo una forma tan mecánica se presta poca atención a lo que hace de estos títulos una experiencia destacable: el alma. Es Green Lantern como podría ser cualquier otra cosa, porque más allá del disfraz verde cuesta mucho ver en la actuación de Ryan Reynolds al Hal Jordan de los cómics.
El principal problema de Green Lantern está en su guión. Demasiado tópico, demasiado previsible, demasiado ceñido a ese camino tan transitado en el género. El papel del héroe, muy marcado. Tanto como el de la damisela en apuros, una Carol Ferris interpretada por una bellísima pero insustancial Blake Lively. El villano, un desatado y en ocasiones casi paródico Peter Sarsgaard, sabe a poco, como también es escasa la presencia de Parallax, la entidad extraterrestre que al final no parece gran cosa. Y es en lo que se acaba mostrando casi por obligación para enganchar al lector de los cómics del personaje donde se consigue lo más atractivo de la película. Cuando Hal Jordan recibe el anillo de poder de manos de Abin Sur (Temuera Morrison), cuando viaja al planeta Oa para su adiestramiento y conocer a los Guardianes que controlan el poder del Cuerpo de Green Lanterns y sufre el desprecio de Sinestro (un espléndido Mark Strong, de largo el actor más metido en el papel), recibe la bienvenida de Tomar-Re (a quien puso voz en la versión original Geoffrey Rush) y acepta el brevísimo entrenamiento de Kilowog (con voz de Michael Clarke Duncan). Pero todo esto, que sin llegar a emocionar sí cumple sobradamente, es el oasis en medio de un tono muy aséptico en el resto de la película.
Martin Campbell es un director acostumbrado al cine de acción (además en tonos muy distintos, como muestran sus dos cintas de James Bond, Goldeneye y Casino Royale, o las dos del Zorro protagonizadas por Antonio Banderas), pero quizá no controle tan fácilmente los registros de la ciencia ficción y de una película tan marcada por los efectos digitales. Rueda con bastante oficio y corección pero con poca personalidad. Aunque nada parezca fallido, no consigue que ninguna secuencia de la película se quede grabada para siempre en el recuerdo del espectador. Lo que sí logra es que el diseño del traje de Green Lantern, que había generado mucha controversia antes del estreno, luzca razonablemente bien en la pantalla, al nivel de las escenas espaciales y en Oa, que sí funcionan razonablemente bien. En realidad, los efectos no son demasiado sorprendentes pero sí muy efectivos, y el mayor lastre visual que presenta la película está en el 3D, una técnica a la que no se saca partido, y en la recreación de los movimientos de Hal rodados con cables y no realizados por ordenador. Ahí se nota una gran diferencia y no hay una fusión fluida entre realidad y ficción.
Green Lantern se va recuperando poco a poco y con mucha dificultad, hasta alcanzar su mejor momento en la media hora final, más contenida de lo deseable pero también muy entretenida. Hasta ese momento, Reynolds se había convertido en una magnífica foto fija del personaje y motor de los elementos más cómicos de la película, lo que no es tan agradecido. En el clímax, en cambio, alcanza lo que necesitaba Hal Jordan para lucir, aunque quizá sea tarde. Para entonces, el que se ha llevado de calle la película con su presencia es Mark Strong, y por eso no es de extrañar que la escena postcréditos a veces tan ineludible en el género la protagonice él, mostrando lo que en realidad tendría que haber contado la película. Y es que la obsesión por contar una historia de origen canónica a veces no es lo mejor. Es obvio que un primer filme de Greeen Lantern con Jordan como eje central ha de mostrar a Abin Sur entregándole el anillo, pero el prólogo no sólo se antoja excesivo sino que acaba privando de ver a un Sinestro abiertamente malvado y resta importancia a los Green Lantern Corps. Sí, aparecen Kilowog y Tomar-Re, pero tan poco tiempo que no son más que cameos que no bastan para salvar una película tan entretenida y correcta como inofensiva y fácil de olvidar.