Guión: Adrian Tomine.
Dibujo: Adrian Tomine.
Páginas: 132.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2011.
Hay un cómic que hace por el medio el mismo esfuerzo que hace el cine el cine que aborda temas y personajes cotidianos. Existe el cine independiente, el cine underground, un cine que no entiende el medio como simple entretenimiento sino que quiere abordar el alma humana. Y sí, hay cómic que cumple la misma función, aunque su mayor invisibilidad en ciertos tipos de público hace que tenga un rincón un tanto más marginal. Pero eso no le resta importancia. ¿Un ejemplo? Rubia de verano. Adrian Tomine no es Adrian Clowes, Peter Bagge o Robert Crumb, no es uno de esos nombres que vende libros por sí solos y que aportan una instantánea aureola de prestigio, pero no es descabellado incluirle en ese grupo. Las cuatro historias que contiene Rubia de verano, independientes entre sí, son pequeños fragmentos de vidas diferentes, incluso patéticas si se quiere, pero con un irresistible componente de empatía. Quizá pocos lectores tomarían las mismas decisiones que los protagonistas de estas historias, pero no es difícil entenderles. Forman parte de esa realidad agriduclce y compleja que Tomine narra con una intensidad emocional remarcable, que hace de esta una novela gráfica admirable sobre la soledad y la inseguridad.
En Alter Ego, un escritor bloqueado e infeliz en su vida de pareja sin atreverse a confesarlo decide regresar a su pueblo de origen para buscar a un viejo amor y acaba relacionándose con la hermana de aquella. En Rubia de verano, un oficinista compra cada cierto tiempo una tarjeta de felicitación sólo por acercarse a la dependienta, a la que jamás le dice lo que siente por ella, y su rencor se desborda cuando su nuevo vecino, que encarna todo lo que no es él, consigue ligársela. En Escapada a Hawaii, una joven de origen asiático es despedida de su trabajo, se lleva mal con su familia y desprecia a su compañero de piso aunque es el único contacto que tiene con el mundo real. Y en Amenaza de bomba, un chaval de instituto se siente diferente a todos sus compañeros, desplazado y marginado, objeto de las bromas de los tipos más populares, hasta que entabla una relación de amistad con una chica con tantos problemas como él pero que socialmente está en un plano opuesto. Los personajes de Tomine son almas torturadas, y eso es lo que hace que tengan actitudes desesperadas, ruines, mediocres, pero también normales y entendibles. Más que personajes, Tomine maneja personas, y las muestra en momentos de enorme flaqueza emocional.
Ese es el punto clave para entender Rubia de verano, su anclaje con una realidad que, por muy ajenos a la cultura europea o incluso a la personalidad de cada lector que puedan ser los hechos que narra, sí conectan con emociones muy personales e intimistas, con situaciones que pueden convertirse en reflejo de los miedos propios. A esa sensación de absurda cotidianidad contribuye el estilo clásico de Tomine como ilustrador, tanto por el trazo de sus figuras, sencillas y fácilmente reconocibles, como por su estructura de página, dividida siempre en tres o cuatro filas, con pequeñas viñetas y con una administración brillante no sólo de los diálogos sino también de los silencios. Quizá sea ahí, en las viñetas sin palabras, donde se manifieste con más claridad la genialidad de Tomine en Rubia de verano. No hace falta leer nada para saber qué están pensando todos los personajes en cada momentos. Eso, viendo que se trata de personalidad turbulentas que no están en paz ni consigo mismos ni con el mundo, es todo un logro. Ese detalle es lo que hace que las cuatro historias de esta novela gráfica se queden rondando por la cabeza del lector, pero también por su estómago. Porque apela a muchas emociones diferentes, algo muy valioso en una obra de ficción.
Drawn & Quaterly editó originalmente Summer Blonde en junio de 2003, recogiendo las cuatro historias que Adrian Tomine había publicado ya entre los números 5 y 8 de Optic Nerve, entre febrero de 1998 y septiembre de 2001. La Cúpula había hecho ya dos ediciones previas de la novela gráfica pero en rústica, en 2005 y 2006.
No conocía este autor, he estado mirando su web y me ha encantado! Gracias por partillar!