Director: Jeannot Swarzc.
Reparto: Helen Slater, Faye Dunaway, Peter O’Toole, Hart Bochner, Mia Farrow, Simon Ward, Marc McClure, Brenda Vaccaro, Peter Cook, Maureen Teefy.
Guión: David Odell.
Música: Jerry Goldsmith.
Duración: 124 minutos.
Distribuidora: Paramount.
Estreno: 21 de noviembre de 1984(Estados Unidos) y 13 de agosto de 1984 (España).
Antes del actual momento de esplendor del cine de superhéroes, Hollywood ya aplicaba los mismos conceptos de franquicia que ahora son norma. En 1980, Superman fue un enorme éxito de taquilla. Hubo, por supuesto, una secuela inmediata que en buena medida se rodó al mismo tiempo (aunque la sustitución del director, Richard Donner, y otras razones, obligaron a volver a filmar la gran mayoría del filme). ¿Cómo expandir la saga a partir de ahí? La primera idea fue hacerlo como en el cómic, con sus personajes colaterales, y ahí era la contrapartida femenina de Superman, Supergirl, quien tenía todas las papeletas de conseguir su versión de carne y hueso. Se pensó inicialmente incluir a la prima del Hombre de Acero en Superman III, pero los cambios en el guión empujaron a los Salkind, dueños de los derechos cinematográficos, a dar una película propia a la superheroína. ¿El resultado? Un fracaso absoluto tanto a nivel de crítica, con un vapuleo casi unánime, como en taquilla, donde los 14 millones de dólares que amasó ni siquiera llegaron para cubrir el presupuesto de la película, que ascendió a 35 millones. ¿Pero es tan mala Supergirl? En algunos aspectos sí, a pesar de que se intentó repetir el modelo de Superman con excesivo rigor.
De esa forma, se optó por una protagonista desconocida, más incluso de lo que lo era Christopher Reeve cuando se enfundó el traje de Superman por primera vez. Helen Slater afrontó su primer papel en el mundo del cine y esa inexperiencia se deja ver en algunos momentos, aunque pocos negarán que el traje de Supergirl le sienta como un guante y hace de ella una de las mejores elecciones en foto fija para un personaje de cómic. Con algo más de carisma o experiencia, podría haber domado la película algo mejor de lo que lo hizo. Por supuesto, se buscaron actores conocidos para los secundarios, como se hizo con Marlon Brando o Gene Hackman en el filme del Hombre de Acero. Así, Faye Dunaway sería la villana, Mia Farrow la madre de Kara Zor-El en Argo City y Peter O’Toole su mentor. La necesaria conexión con las películas de Superman se hizo con un sencillo póster en una pared, unos breves acordes del tema de John Williams, una frase de diálogo para situarle fuera de la Tierra para que no interfiera en la acción y la presencia de Jimmy Olsen, con el rostro del mismo actor, Marc McClure. Y se optó por el otro gran músico del Hollywood de la época, Jerry Goldsmith, para crear un carismático entorno musical para el personaje. Y aún así, el invento no funciona.
Los mayores errores de Supergirl están en su guión. En cuanto el director, Jeannot Swarzc, se aleja del modelo de Superman, el filme descarrilla. Lo hace al escoger a Selena y su magia como oponentes de Supergirl. De ese enfrentamiento no se deriva ni una sola escena con la necesaria espectacularidad que requiere el personaje para lucir, entre otros motivos porque los efectos visuales de la película eran más propios de un filme de serie B que de un proyecto de 35 millones de dólares. Se equivoca también al dotar a la película de fondo excesivamente cómico, como en realidad se acabó haciendo antes en Superman III con los mismos catastróficos resultados. Y tampoco consigue recrear con acierto el entorno de una adolescente kryptoniana atrapada en la Tierra, ni en la identidad civil que crea de una forma bastante inverosímil ni cuando viste el traje de superheroína. Supergirl quedó así como un intento de explotar una franquicia sin preocuparse lo más mínimo por darle un alma propia, con el propósito únicamente de crear una protagonista femenina que luciera el famoso símbolo de la S en el pecho. Que el montaje inicial de 150 minutos se viera reducido en las versiones comerciales tampoco habla muy bien de la película.
Haciendo honor a la verdad, el caos no es total y la película, incluso vista hoy en día, se deja ver como un ingenuo y sencillísimo entretenimiento pasajero, que conecta con el aficionado a través de las referencias más simples (entre ellas, la inclusión de la hermana de Lois Lane como interés romántico de Jimmy Olsen). Hay detalles más que salvables, casi todos ellos con Supergirl como centro. Así, destacan la pérdida de sus poderes y su primer vuelo en la Tierra, bellísimamente acompañado por la partitura de Goldsmith, que es cuando descubreo sus poderes y una libertad que no tenía en Argo City, cuyo aspecto eso sí deja mucho que desear en comparación con el Krypton de Superman. Supergirl tiene más valor histórico y nostálgico que cinematográfico, ya que fue la primera adaptación de un cómic que dio el papel protagonista a una mujer, inaugurando una lista que aún no ha conocido un filme verdaderamente destacable. El fracaso de Supergirl enterró no sólo su futuro en el cine, sino también durante muchos años el de Superman, pues llevó a los Salkind a vender los derechos para que Cannon produjera la infame Superman IV. En busca de la paz. Y Supergirl, que tanto ha cambiado en el cómic desde entonces, aún sigue esperando su versión cinematográfica definitiva.