Guión: Neil Gaiman.
Dibujo: Kelley Jones, Charles Vess, Colleen Doran.
Páginas: 160.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2013.
Si los dos primeros volúmenes de Sandman eran básicamente meticulosas, elaboradas y precisas sagas de cierta extensión, lo que ofrece esta tercera entrega, es a un Neil Gaiman con una destreza sensacional para construir historias cortas y mostrarse como lo que es, uno de los grandes fabulistas de la narrativa contemporánea, en la que no hay distingo posible entre el cómic y la literatura, por mucho que haya puristas de las letras o desconocedores del medio que sigan privando al noveno arte de esa capacidad única de brillar. Y entre los cuatro relatos que contiene este libro, espléndidos todos ellos, sobresale con una luz especial El sueño de una noche de verano, hermosísimo y brillante homenaje a la obra de William Shakespeare, con una delicada y genial mezcla de realidad, ficción, literatura, teatro y fantasía a la que parece imposible resistirse. Y como este episodio de la epopeya de Morfeo tiene un dibujo tan distintivo, el de Charles Vess, que no tiene nada que ver con los trabajos precedentes de la serie o con las ilustraciones de las historias que acompañan a esta en el tercero de los volúmenes, sólo queda deslumbrarse ante la enorme variedad de estilos que encajan en esta obra maestra de Gaiman.
Con el repaso a cada volumen de Sandman se corre el peligro de ir aumentando tanto las loas al autor inglés que se pierda credibilidad. Pero es que la riqueza de la serie es tan incontrolable que no queda más remedio. ¿Que hay que escribir un cruel e intenso relato sobre una musa secuestrada durante décadas? Ahí está Calíope. ¿Que toca una fábula animal con formato de leyenda? Eso es Un sueño de mil gatos. ¿Que se quiere leer un melancólico relato sobre la soledad y la desesperación que entronque con el género de superhéroes? Ahí está Fachada. Y eso sin contar con la extraordinaria genialidad de El sueño de una noche de verano, un hermoso cuento tan jovial como profundo. Gaiman consigue acomodar a Morfeo en estas historias (en las tres primeras, porque en la cuarta quien hace acto de presencia es su hermana Muerte) de formas muy distintas, haciendo crecer la versatilidad de la serie y enriqueciendo esta suerte de muestrario de historias cortas en que se convierte País de sueños. Sandman sabe moverse con Morfeo como protagonista, como artífice de cuanto sucede, y también como secundario de lujo, como espectador privilegiado, como salvador final o como creador de sueños, en el doble sentido de la palabra.
Y las palabras de Gaiman crecen por lo que es esencial al cómic respecto de la literatura: la narración secuencial con imágenes. Tanto da que el responsable de las ilustraciones sea un autor gótico, oscuro y nada realista como el atmosférico Kelley Jones, que se encarga de poner los lápices a las dos primeras historias que hay en este libro, el más realista y quizá tradicional del magnífico Charles Vess, o una brillante retratista del horror y lo cotidiano como es Colleen Doran. Todos ellos encuentran la forma no sólo de encajar en las historias de Gaiman sino de engrandecerlas, de darles un sentido visual, de convertirlas en un recuerdo más vivo en la mente del lector. Por ser un compendio de historias cortas, este es el primero de los tres volúmenes ya publicados de Sandman que se puede leer de forma casi independiente, que se convierte en una formidable puerta de entrada al mundo mágico de Gaiman y Morfeo y que no requiere demasiados conocimientos previos. Pero haber leído los dos primeros le da una nueva dimensión a esta forma del británico de encarar la serie. No hay normas. Todo vale. Tanto la historia corta como la epopeya larga. Y todo forma parte de un mismo conjunto memorable que no para de crecer.
El libro incluye los números 17 a 20 de The Sandman, publicados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre julio y octubre de 1990. Además de las cubiertas de Dave McKean, el volumen ofrece como contenido extra el guión completo, todas las páginas a lápiz y algunos bocetos preliminares tanto de McKean como del propio Gaiman, todo ello relativo al número 19.