CÓMIC PARA TODOS

‘Mamed Casanova. El hijo de la ira’, de Manolo López Poy y Miguel Fernández

publicaciones-F523-63-32-935Editorial: Diábolo.

Guión: Manolo López Poy.

Dibujo: Miguel Fernández.

Páginas: 108.

Precio: 14,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2011.

Manolo López Poy y Miguel Fernández se enfrentan a varios retos en Mamed Casanova. El hijo de la ira, y salen bastante bien librados de la mayoría de ellos. En primer lugar, cuentan una historia real, el retrato definitivo sin ser una biografía al uso de un personaje, Mamed Casanova, al que se considera el último bandolero romántico español, que trabajaba en Galicia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Eso desemboca en el segundo reto: ¿un ladrón como protagonista de una novela gráfica? Sí y no, porque López Poy y Fernández, lejos de juzgar a su personaje central, que tampoco pasó a la historia por crímenes demasiado graves a excepción de un asesinato poco claro pero con el que tuvo que cargar, exponen sus luces y sus sombras para que el lector se sumerja en el ambiente y la época descritas, desde dentro y desde fuera del alma de Casanova. Y ese viene a ser el tercer reto, conseguir que sea creíble la atmósfera local de Ortigueira, municipio de la provincia de La Coruña, con todas las connotaciones de tiempo y de lugar que rodearon la vida de Casanova. Tres retos y en buena medida tres triunfos, porque López Poy y Fernández crean una historia muy atractiva, oscura y sombría no sólo por su aspecto visual, que no deja de ser el reflejo de lo que se está narrando.

El arranque de la novela gráfica ya da una idea de los objetivos de López Poy. Una introducción triste, sombría que culmina con una frase: «Vuelvo. Pero regreso a un mundo que ya no existe». Ese es el propósito de Mamed Casanova. El hijo de la ira, retratar algo que ya ha dejado ser, y eso afecta tanto al protagonista como al entorno en el que protagonizó sus hazañas, si es que esa es la palabra para describir al bandolero. Y si esa primera escena no intriga lo suficiente, la segunda, una que esa casi mejor no desvelar porque es clave para entender a Casanova, termina de convencer sin fisuras. La mezcla de ambas es la mejor introducción para la historia, pero también una buena definición del conjunto. Y a partir de ahí, consigue fusionar con acierto los dos elementos que hacen de El hijo de la ira una historia atractiva, la figura de su protagonista y el entorno. Como López Poy adopta el papel de observador imparcial, no el de influenciador en el lector ni tampoco el de narrador omnisciente, y eso le permite cuadrar muchos matices diferentes desde procedencias diversas. En ese aspecto, destaca el personaje de la madre de Casanova, por lo que supone en el pasado (el nombre) y en el presente (el juicio) de la figura central.

Todos los objetivos que marca López Poy los recoge con acierto Fernández. Consigue que su historia sea oscura con un blanco y negro poderoso, con un uso muy inteligente de las zonas más oscuras de su dibujo, dando valor a la luz de cada escenas con un sentido narrativo. Y eso crea una atmósfera especial, una que consigue llevar al lector a la época en que se desarrolla la historia, pero sobre todo al momento emocional y social en que transcurren estos eventos. Se siente el ambiente de un pueblo pequeño, las opiniones encontradas de sus vecinos y autoridad con respecto a la figura de Casanova. Y con un dibujo en el que cada personaje resulta reconocible, se puede dar por conseguido ese propósito de generar algo más que una historia. De esta forma, Mamed Casanova. El hijo de la ira acaba siendo una lectura atractiva, por momentos fascinante, muestra de una forma de vida que, como siente el protagonista en la primera escena, ya ha dejado de existir. Y siendo la época que es y el protagonista escogido, es también un cómic valiente, porque las biografías suelen ser siempre de triunfadores y Mamed Casanova, también conocido como Toribio, nunca lo fue, a pesar de su actitud desafiante ante la vida.

El libro incluye una introducción escrita por Manel Cráneo, un relato cronológico de la vida del propio Mamed Casanova escrito por Manolo López Poy y varias ilustraciones a lápiz de Miguel Fernández.

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Esta entrada fue publicada el 16 abril, 2014 por en Cómic, Diábolo, Manolo López Poy, Miguel Fernández.

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