Editorial: Random House Mondadori.
Guión: Brandon Graham.
Dibujo: Brandon Graham.
Páginas: 192.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2012.
La frase «más de lo mismo» tiene tantas connotaciones negativas que da reparo utilizarla cuando se le quiere dar un sentido positivo, pero da la casualidad de que esa es la mejor forma de definir el segundo volumen de King City, una de las obras más psicodélicas, imaginativas y divertidas de los últimos tiempos. Brandon Graham ofrece exactamente eso, más de lo misma: locura, diversión, personajes extraños, situaciones estrambóticas… Lo mismo que se podía encontrar en la primera entrega de esta curiosísima y de alguna manera rompedora epopeya de ciencia ficción aventurera (aquí, su reseña) pero en grado todavía superior, si es que eso es posible. Graham inventa en todo momento, obligando al lector a prestar atención a todos los detalles tanto de los diálogos como del dibujo se salta las convenciones sociales y los esquemas narrativos (hasta el punto de que se salta el capítulo 13… ¡y lo anuncia tranquilamente al comienzo del 14!) para dar forma un universo singular y diferente, inseparable del caricaturesco estilo de ilustración por el que apuesta y que termina de dar sentido al mundo que quiere mostrar y al que pone fin de una manera tan anticlimática que suena a otra de las muchas bromas con las que ha trufado la historia.
Lo que ha conseguido Graham en King City es despertar tanta curiosidad en el lector que no hay definición posible para lo que encierran sus páginas. Es, por tanto, una obra inclasificable. Se puede decir que es ciencia ficción, que es comedia o incluso un thriller, pero está más allá de cualquier encasillamiento que se le quiera hacer. Es una amalgama de géneros y a la vez es algo completamente diferente. Y Graham no sólo es consciente de ello sino que además lo utiliza como arma narrativa para seguir construyendo eso tan difícil de definir. Por eso hay páginas dobles en las que hay infinitos detalles para ser observados, figuras que construye con puntos para que el lector las imagine completas, onomatopeyas que se convierten en diálogos y notas a pie de viñeta que tienen el mismo sentido narrativo que la acción de cualquier personaje. Todo vale, no hay normas. Y por eso ni siquiera el clímax se puede considerar como tal, porque en el fondo esa historia a la que creemos que nos va a conducir el autor no es en realidad más que una excusa. Lo que le importa a Graham es la exposición de todo lo que vemos y mostrar a unos personajes que van a apartarse de los cánones del género que corresponda a cada momento del relato.
Esas pretensiones de Graham, que son lo convierte King City es una obra sumamente especial, pueden ser también argumento para que algún lector se sienta desconectado de lo que se le está contando. Los riesgos están ahí. Quizá por ese motivo Graham haya optado por un dibujo más caricaturesco y cercano, que no sólo no añada dificultades a la historia sino que, de alguna manera, la simplifique. No hay en King City méritos individuales del guión o del dibujo porque parece claro que el título está concebido para ser una mezcla absoluta que beneficie mutuamente a las dos partes del cómic. Y ahí Graham, plenamente consciente de la rareza de lo que está mostrando, se desenvuelve como un autor atrevido, que se permite el lujo de ahondar en la ciencia ficción más pura (tanto en el guión como en el dibujo, las influencias son incontables) o caer en la comedia de situación más desenfrenada. Eso es King City, una obra terriblemente original, una propuesta diferente y alejada de las convenciones y que está llena de sorpresas extravagantes y de diálogos desenfadados con la capacidad de descolocar siempre al lector. Y, por qué no decirlo, también de fascinarle siempre que se acepten sus normas. O, en realidad, la ausencia de normas.
El libro incluye los dos números finales de King City, publicados originalmente por Tokyopop en 2007. El volumen no tiene contenido extra.