Guión: Marjane Satrapi.
Dibujo: Marjane Satrapi.
Páginas: 88.
Precio: 14.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2011.
Hay nombres de autores que irremediablemente se ligan a una obra y es muy difícil separarlos. El de Marjane Satrapi y Persépolis sería un caso paradigmático. Por eso, aproximarse a cualquier otra obra de esa autora iraní es complicado. Es difícil que Pollo con ciruelas no guste a quienes Persépolis les parezca una obra imprescindible, aunque también es posible que las expectativas o el hecho de que son narraciones con cierto parecido en la temática, en el escenario y en el estilo rebajen ligeramente el efecto de esta novela gráfica. Por eso, y a pesar de que es complejo desligarse de una obra tan definitoria, lo mejor es abstraerse de su influjo. Persépolis es Persépolis y Pollo con ciruelas es Pollo con ciruelas. Para bien y para mal. Y generalmente es para bien, ya que es una obra madura, quizá algo desconcertante al inicio pero que va creciendo de una forma admirable hasta llegar a un final espléndido y triste, que corona una estructura imaginativa y original, que comienza con una anécdota de apariencia intrascendente que va cobrando sentido según se desarrolla el drama de un músico que pierde las ganas de vivir hasta el punto de que decide dejarse morir sin más motivo que un enorme desencanto vital.
Los elementos que llevan a pensar en Persépolis se ponen sobre la mesa ya en la primera página. Primero, el escenario espaciotemporal: Irán, a finales de los años 50. Y segundo, la narración biográfica. La diferencia también se nota enseguida. Aunque la primera impresión sea que Pollo con ciruela arranca en un momento concreto y va a seguir un desarrollo lineal, pronto se desvela que Satrapi pretende crear un juego temporal de miradas hacia el pasado e incluso hacia el futuro. Ahí radica lo más original de su propuesta, en la estructura que escoge para la historia, que se basa en una introducción relativamente larga que, en un giro valiente, concluye con el final del relato, y ocho pequeños capítulos más que recogen lo que sucede en cada uno de los días anteriores a ese desenlace. Satrapi consigue así ese crescendo que va evaporando la comparación con su obra más reconocida. El personaje de Nasser Alí es el acierto esencial de la autora, y en torno a él va desarrollando sus ideas de fondo y de forma con un resultado notable, jugando incluso con el conocimiento que ya ha entregado al lector sobre la resolución de la historia y haciendo que le sirva como motor narrativo en alguno de esos episodios.
Donde Satrapi tiene algo más complicado alejarse del recuerdo de Persépolis es en el apartado gráfico. Su estilo, de trazo simple, casi esquemático, y con un blanco y negro en el que en muchas ocasiones el negro configura esencialmente las figuras, es muy cercano al de su obra más conocida. Satrapi es consciente de ello y por eso sus innovaciones están en la narrativa y no en el dibujo. Si acaso, son llamativas las portadillas con las que abre cada uno de los capítulos que equivalen a un día, y que por sí solas casi representan una historia dentro de la historia y terminan por dejar claro que, en el fondo y prescindiendo de las muchas anécdotas que salpican el relato, ésta no deja de ser una historia de amor. La ilustración es tan efectiva como en la mencionada Persépolis, pero al mismo tiempo sin adquirir el protagonismo que sí tiene la historia. Y ahí son tantos los elementos de interés que no hay medias tintas a la hora de considerar Pollo con ciruelas (la explicación al título está en la propia novela gráfica) un cómic más que notable, ampliamente recomendable para los seguidores de Satrapi, para quienes no quieran enfrentarse a las expectativas generadas por Persépolis para adentrarse en su obra, y para quienes busquen un título emocionalmente atractivo.
L’Association publicó originalmente Poulet aux prunes en octubre de 2004. El volumen no tiene contenido extra.
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