Editorial: Faktoria K de Libros.
Guión: Carlos Portela.
Dibujo: Sergi San Julián.
Páginas: 104.
Precio: 15 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2008.
Es complicado describir la desazón que provoca la lectura de la primera parte de La cuenta atrás, porque en realidad lo importante es dejar claro que hay mucho talento narrativo en lo que muestran sus autores, Carlos Portela y Sergi San Julián. Pero es tristeza lo que producen, porque trazan una fotografía enormemente descorazonadora de la realidad. La cuenta atrás es una novela gráfica sobre el Prestige, aquel buque que se hundió frente a las costas de Galicia en 2002 lanzando una podredumbre negra en forma de chapapote que provocó el mayor desastre ecológico de la historia de España. Pero en el cómic no se menciona ni una sola vez el nombre de aquel maldito barco. Ni siquiera los nombres de los protagonistas de la historia, los que pertenecen a las esferas más públicas, se corresponden con los de la realidad. Pero todo en el centenar de páginas del volumen rezuma autenticidad. Y por eso la sensación que deja es de tanta desesperanza, porque así fue la realidad en torno a unos hechos que nadie ha olvidado pero que, en muchos aspectos, no sirvieron para nada. Portela y San Julián firman un espléndido cómic social, una crítica indiscriminada, necesaria y que evita caer en cualquier tipo de partidismo o maniqueismo.
El guión de Portela plantea un doble ámbito de méritos. Por un lado, el ya mencionado aspecto social del cómic. Es un retrato de una catástrofe ecológica idéntica a la del Prestige en el ficticio pueblo de Caldelas desde diferentes puntos de vista. Y casi nadie sale bien parado. El ciudadano irreflexivo, el pescador codicioso que acepta el dinero para cerrar la boca y vivir la vida sin pensar en el mañana, la periodista capaz de todo por ascender, el ministro falso, el márketing político que esconde la realidad… Hay una enorme riqueza en la mirada del cómic, en la tristeza que desprende y que relata, la de familias que lo han perdido todo y que, pasados los momentos de atención, ya no saben cómo seguir hacia adelante. Por otro lado, presenta una estructura sumamente original, construida a través de capítulos que suceden cada uno un mes después que el siguiente, una especie de linealidad inversa que hace que el resultado final crezca a nivel narrativo. Esta elección, además, permite que se aprecie con mucha facilidad el buen trabajo de Portela, porque no es sólo una construcción inversa, sino que la información que hay en cada capítulo está cuidadosamente seleccionada para que sea significativa. Y todo sin perder en ningún momento el necesario realismo.
Porque justo esa viene a ser la mayor cualidad que también desprende el dibujo, lo cual es una evidencia que hay diferentes estilos para lograr esa sensación. San Julián no es un ilustrador fotorrealista y sin embargo hay una enorme autenticidad en sus figuras y en sus escenarios. No necesita un excesivo realismo para conseguir que sus personajes sean muy expresivos. Ese es el principal acierto de su trabajo, que destaca también por la forma tan natural en la que va hilando los diferentes capítulos de la obra. Los dibujos de San Julián, como las palabras de Portela, despiertan sensaciones y desprenden empatía, simpatía y antipatía. Mueven y conmueven. La cuenta atrás es un cómic quizá hecho desde la modestia pero con las ideas muy claras. Es un tebeo de fuerte conciencia social, y eso lo convierte en un título necesario, por el tema que trata y por el medio desde el que lo trata. Porque todavía persiste esa injusta sensación de que el cómic es un arte menor y obras como ésta, que demuestran un pulso tan vivo de la sociedad en la que vive, evidencian justo lo contrario. Y encima está hecho con una sinceridad que para sí quisieran obras mucho más reconocidas. Y ojo al final de este primer volumen de La cuenta atrás. Es, tras el relato, el mismo sentir del lector.
El libro tiene como contenido extra una presentación del escritor Manuel Rivas y una entrevista realizada por Álvaro Pons a los dos autores.