CÓMIC PARA TODOS

‘Sandman 2. La casa de muñecas’, de Neil Gaiman

Sandman_núm.2_okBREditorial: ECC.

Guión: Neil Gaiman.

Dibujo: Mike Dringenberg, Chris Bachalo y Michael Zulli.

Páginas: 240.

Precio: 17,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Octubre 2013.

Neil Gaiman dice en el epílogo del libro que quienes llegan a ese tipo de textos finales es porque buscan explicaciones a lo que han leído o una disculpa si no lo han entendido. Y sentencia: «Nunca pidas disculpas. Nunca des explicaciones». Con esa sencilla y categórica frase, Gaiman explica a la perfección dónde está la magia de Sandman. Tras la presentación de la serie, el mundo y sus personajes, La casa de muñecas elevó el nivel de exigencia. El mismo título ya habla de la metáfora que se esconde en este segundo gran arco argumental. ¿Pero qué es realmente la casa de muñecas a la que hace referencia? Leer el último de los episodios que contiene este volumen da para muchas interpretaciones. Unos lectores pensarán una cosa. Otros tendrán una explicación diferente. Y Gaiman no apuesta por una en concreto porque su mundo es complejo, inteligente y apela a los sentimientos pero también a la razón. Es rico y variado. Y sobre todo desborda magia, a veces magia oscura, por los cuatro costados. Aunque tiene momentos de absoluta brillantez, la parte gráfica es el único lugar en el que encontrar alguna tacha, y es más por una cierta irregularidad que por el hecho de que en conjunto no estén a la altura de las palabras de Gaiman.

Si bien la primera historia, Preludios y nocturnos (aquí, su reseña), era más una presentación que otra cosa (por muy genial que fuera y de hecho es), La casa de muñecas es ya una definición plena de lo que debía ser Sandman, una compleja historia de humanos y Eternos, de sueños y realidades. Un relato que se va construyendo desde los pequeños detalles, desde las grandes palabras, desde la literatura con mayúsculas que despliega Gaiman para demostrar la grandeza del medio. En este volumen hay dos interludios grandiosos, Historias en la arena sobre el hermoso cuento sin final de la mujer de la que se enamoró el señor de los sueños y Hombres de fortuna con Morfeo charlando cada cien años con un hombre que no quiere ver a Muerte. Y en torno a esos dos interludios (¿o son prólogos?), La casa de muñecas. Un relato sobre un vórtice humano que amenaza con destruir la realidad, sobre una joven que encuentra a una abuela a la que no conocía y que busca a un hermano menor al que hace años que no ve y con Morfeo luchando por recomponer todo lo que se rompió en sus años de ausencia. Muchas piezas para un puzle roto en mil piezas con mimo y reconstruido a partes iguales por un Gaiman extraordinario y la imaginación de cada lector.

Sin realizar un dibujo perfecto, y quizá no es el definitivo de Sandman, Mike Dringenberg tiene una cualidad especial, y es que hace creíble esa maravillosa mezcla entre sueño y realidad que plantea Gaiman. No es Dringenberg un ilustrador que enamore con sus viñetas por sí solas o del que se puedan extraer pósters hermosos e intachables, pero tiene un sentido narrativo sobresaliente, el que le hace ejecutar con brillantez movimientos como el giro progresivo de la orientación de la página en el primer episodio de La casa de muñecas, la portadilla con la que introduce a los coleccionistas, el sueño de múltiples personajes del penúltimo capítulo o el brillante cierre de la historia. Con sus ilustraciones se puede dar por conseguido lo más siniestro y oscuro del mundo que plantea Gaiman. Y aunque, hay que insistir en ello, esté lejos del preciosismo visual, entiende lo que plantea el guionista. Eso es algo esencial en cualquier cómic, pero en uno como Sandman lo es mucho más. Porque, efectivamente, no es cómic a explicar o sobre el que disculparse. Es uno que hay que leer, saborear y reflexionar. Por eso, La casa de muñecas sigue siendo, a día de hoy, una de las historias mejor construidas de Sandman y una de las que perduran con mayor viveza en la mente de los lectores.

El libro incluye los números 9 a 16 de The Sandman, originalmente publicados por DC Comics a través de su sello Vertigo entre septiembre de 1989 y junio de 1990. Como contenido extra, hay una introducción y un epílogo firmados por Neil Gaiman, las cubiertas originales realizadas por Dave McKean y un portafolio de ilustraciones realizadas por el propio McKean, Matt Wagner, Barron Storey, George Pratt, Greg Spalenka yMoebius.

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