Guión: Ana Oncina.
Dibujo: Ana Oncina.
Páginas: 124.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2014.
Se dice en la contraportada de Croqueta y Empanadilla que este es «el libro que Romeo le habría regalado a Julieta». Y puede que sea cierto, en cierta medida y llevando esa frase a nuestro escenario más cotidiano, porque este primer trabajo de Ana Oncina gana cuando se lee en clave de pareja. Así nació, como ha confesado la propia Orcina, de una anécdota real vivida por ella con su novio, y así se desarrolla, porque el libro es una sucesión de viñetas, historias y roces amables que narran la vida de una pareja. Lo realmente curioso, lo que da un punto de imaginación inusual a este volumen, es que esa pareja protagonista no la forman dos personas sino dos alimentos: una croqueta, que hace las veces del hombre, y una empanadilla, que es la mujer. Y con esos nombres: Croqueta y Empanadilla. Y viviendo en un mundo de humanos. Después de este original planteamiento, que es lo que lleva al lector a coger el libro para ojearlo, queda lo más complicado: lograr su empatía. Cuando uno se da cuenta de lo poco que ha tardado en leer el libro entero y de lo mucho que lo ha disfrutado, no queda más remedio que admitir que sí se ha logrado esa empatía, que el humor funciona y que hay mucha sinceridad y ternura en sus pequeños relatos.
Croqueta y empanadilla es un tebeo tierno, cuco, incluso ñoño en algunos momentos. Y aunque esos adjetivos puedan sonar de forma negativa desde algún punto de vista, al aplicarlos a esta colección de viñetas hay que entenderlos exactamente a la inversa. Son elogios, pero también descripciones muy adecuadas a lo que propone Oncina. Es una forma de decir que si lo que el lector pretende es leer un cómic satírico sobre la guerra de sexos no lo va a encontrar en estas páginas. Lo que Oncina propone es divertido, sincero, bonito y romántico, pero sin perder la diversión del día a día de la pareja, de los pequeños encontronazos que provocan sonrisas y que son las que tanto uno como otro acaban contando en las reuniones con amigos para buscar apoyos, normalmente entre personas del mismo sexo. El libro viene a ser algo parecido a esas conversaciones. Es, en ese sentido, un pedazo de vida que prácticamente cualquier pareja podría compartir como vivencia propia. Y por eso se gana la simpatía de quien quiera pasar por sus páginas ya desde la primera viñeta, en la que Croqueta limpia su piso para causar buena impresión a Empanadilla, como inicio de una futura vida en común y una convivencia de la que salen las anécdotas que rellenan la historia.
La sencillez que desprende el libro es eco del estilo de Oncina como ilustradora, esquemático en sus personajes protagonistas y prácticamente también en los humanos. La idea parece ser la misma de la historia, transmitir una calidez que aleje cualquier complejidad artificial que distraiga del verdadero objetivo de las tiras, divertir a los lectores. Y con ese fin, lo más simpático de todo es que Oncina consigue que sus personajes transmitan emociones con una destacable economía de líneas. Esa es una virtud que no siempre se ve en el cómic, vital cuando se opta por un estilo de dibujo como éste. Si Croqueta y Empandilla no transmitieran, los chistes no tendrían tanta gracia y las viviencias no serían tan simpáticas. Pero transmiten. La variable extensión de las anécdotas que reúne la autora, desde la página única de varias de esas microhistorias hasta las 23 que ocupa el viaje a Berlín para ver un oso panda en el zoo de la capital alemana, hace que el resultado esté siempre lejos de parecer monótono. En realidad, eso viene a ser otra metáfora más de la vida en pareja que tanto acierto, tanta gracia, tanta simpatía y tanta sinceridad acaba describiendo Ana Oncina. Croqueta y Empanadilla es una notable carta de presentación en su debut en el mundo del cómic.
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