Director: Frank Miller, Robert Rodriguez y Quentin Tarantino.
Reparto: Jessica Alba, Devon Aoki, Alexis Bledel, Michael Clarke Duncan, Rosario Dawson, Benicio del Toro, Carla Gugino, Josh Harnett, Rutger Hauer, Jaime King, Michael Madsen, Brittany Murphy, Clive Owen, Mickey Rourke, Nick Stahl, Bruce Willis, Elijah Wood.
Guión: Frank Miller.
Música: Robert Rodriguez, John Debney, Graeme Revell.
Duración: 119 minutos.
Distribuidora: Disney.
Estreno: 1 de abril de 2005 (Estados Unidos) y 12 de agosto de 2005 (España).
Películas como Sin City muestran la amplia variedad de formas en las que se puede evaluar el cine. Porque es innegable que estamos ante una película rompedora en muchos sentidos, una de las primeras que se rodaron en un entorno digital, o que su aspecto supone una fusión entre los lenguajes del cine y del cómic como no se había visto hasta entonces. Eso, de alguna manera, permite que se pueda analizar casi de la misma forma en que se analizan las propias novelas gráficas del Sin City de Frank Miller que inspiraron esta película, mucho más una traslación de las viñetas a la gran pantalla que una adaptación en sentido puro. O el impresionante acierto del extenso reparto, plagado de rostros populares que supieron mimetizarse con el aspecto que tenían sus personajes en el cómic con una facilidad fascinante. Pero, al margen de estos logros técnicos, visuales o de reparto, también se puede evaluar como si fuera una película independiente, y es ahí donde quizá el juicio no es tan benevolente. Por eso, lo más importante es dejar claro desde el principio que estamos ante una historia cien por cien de Frank Miller, con todo lo que eso conlleva. Más incluso, es el Miller de transición entre sus obras más modernas y sus genialidades superhéroicas de los 80.
Las sensibilidades de ese Miller y del director Robert Rodriguez son cercanas. Por eso no sorprende que Rodriguez fuera capaz de convencer a Miller de que cediera los derechos de Sin City después de las malas experiencias que vivió el autor de cómics con los guiones de Robocop 2 y Robocop 3. Y por eso tampoco sorprende que ambos dirigieran la película, siendo esta la primera experiencia tras la cámara de Miller, o que contarán como director invitado para una escena con Quentin Tarantino, el mayor reciclador moderno de todas las tendencias audiovisuales violentas de las últimas décadas. Sin City es, por tanto, una película desmedidamente violenta, que rodada con acción real y no modificada por ordenador para asemejarse a las viñetas en blanco y negro del cómic probablemente habría recibido un juicio mucho más severo por parte de algunos sectores. Pero ahí es donde entra en juego el magnífico efecto visual que supone el salto de las viñetas a la pantalla. Miller y Rodriguez no adaptan, sino que cambian de medio. Hay planos de Sin City, la película, que son idénticos al cómic. Y el juego de sombras y colores es muy atractivo. Todo en blanco y negro, salvo algunos detalles. Destaca el poderoso uso del rojo (la sangre, los labios, el coche, las sábanas…), pero también hay detalles en azul (los ojos de Becky) o en amarillo (fundamentalmente Roark).
Todo eso es lo que impacta de Sin City, y lo hace por encima de la historia. El juego digital se impone a los tres relatos, uno de ellos en dos partes, el prólogo y el epílogo que forman la película. Hay un esfuerzo visual tan descomunal que falta algo en el lado emocional. Y eso que una buena parte del camino estaba ya recorrido con la perfecta elección de los protagonistas. La sobriedad noir de Bruce Willis, la inagotable sensualidad de Jessica Alba, el poderío físico de un irreconocible y recuperado para el cine Mickey Rourke, el salvajismo animal de Rosario Dawson, el porte de Clive Owen, la insana locura de un también maquilladísimo Benicio del Toro, la psicótica frialdad de Elijah Wood… Ellos hacen que la traslación de Sin City a la pantalla sea algo más que un malabarismo digital. Y gracias a ellos es difícil escoger cuál de las tres historias de la película es la mejor, porque habrá quien prefiera la brutalidad enamoradiza de Marv (Rourke), en una especie de traslación de La bella y la bestia a los siniestros rincones de la apestosa ciudad de Miller, la desenfrenada orgía violenta que plantean Dwight (Owen) y Gail (Dawson) o la relación emocional que se plantea entre Hartigan (Willis) y Nancy (Alba). En todas las historias hay elementos brillantes.
Pero es verdad que, incluso siendo un filme trepidante y muy entretenido, algo falta en Sin City para que merezca una valoración más entusiasta. Es una rompedora antología de género negro y un formidable experimento visual que une con fuerza el cine y el cómic, pero más allá de algunos destellos, lo que impacta es lo visual y los diálogos… que ya estaban sobre las páginas impresas y no son mérito del filme. Lo que transciende de la película es su mérito técnico, su deslumbrante uso de los efectos digitales y una labor de coloreado que hace que incluso escenas sin demasiados trucajes como el sensual baile de Jessica Alba parezcan incluso más fascinantes de lo que habrían sido en una película, digamos, normal. Aún así, Sin City es un imprescindible para todos los amantes del cómic, para quienes quieran explorar nuevas formas de entender el noir (por la ambientación que generan las imágenes y también por la acertada música de hasta tres compositores diferentes), para los aficionados a las locuras sangrientas de Frank Miller y para los seguidores del cine de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, siendo el primero el más aventajado alumno del segundo en su particular forma de entender la violencia cinematográfica.