Editorial: Random House Mondadori / DeBolsillo.
Guión: Peter David.
Dibujo: Michael Lark.
Páginas: 128.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Febrero 2013.
Siendo La batalla de Tull el octavo volumen de la versión en cómic de La Torre Oscura, la serie de novelas de Stephen King, y aunque precisamente por eso parezca una contradicción, supone un momento espléndido para incorporarse a su lectura. El motivo es simple, ya que esta entrega es la adaptación del primero de los relatos escritos por King, el primero de los cinco que componen la primera novela de la serie, El pistolero. Hay, por tanto, dos formas de leer La batalla de Tull. La primera es habiendo pasado ya por todo lo publicado de esta versión de cómic, lo que lleva a ver a Roland Deschain como una figura desgastada, melancólica, dura, producto de todo lo que le ha sucedido hasta ahora. La segunda es la de acercarse al personaje aquí por primera vez, con lo que predomina el aura de misterio, el de un pasado torturado del que apenas se tienen detalles. Y las dos, en manos del siempre hábil Peter David, tienen enormes puntos de interés. Roland Deschain se convierte en su paso por Tull persiguiendo al Hombre de Negro en un personaje fascinante de cualquiera de las dos maneras, y el dibujo de Michael Lark, debutante en la saga, le da una dimensión oscura y malsana al pueblo en el que se desarrolla el relato.
El guión de David es tranquilo y pausado, es un lento cultivo de emociones que desembocan en el clímax final del último de los cinco números que forman esta miniserie. De esa forma, la historia tiene una estructura que sirve por igual a las dos formas mencionadas de aproximarse a La batalla de Tull porque consigue transmitir las emociones (o, a veces, la ausencia de ellas) que guían al Pistolero. David consigue que cada uno de los cinco capítulos de la historia tenga su momento álgido (la aparición de Nort, el flashback con el paso del Hombre de Negro por Tull, la predicación de Sylvia Pittston, el encuentro entre Roland y Sylvia y, finalmente, el dramático y pesimista clímax), y al mismo tiempo una narración in crescendo, en la que se va notando progresivamente el ambiente opresivo del pueblo. Y teniendo en cuenta que utiliza muchos cartuchos de texto para ir introduciendo la ya conocida narración de esta saga, el ritmo es intenso y no decae en ningún momento. Tull acaba por convertirse en un personaje casi tan trascendente como el Pistolero y puestos a encontrar un pequeño agujero en el guión quizá sea algo decepcionante el desenlace a la carta que el Hombre de Negro deja a Allie como macabro recuerdo.
La Torre Oscura tuvo desde su inicio en el cómic, con El nacimiento del Pistolero (aquí, su reseña), un aspecto gráfico muy definido, el que daba el dúo formado por Jae Lee a los lápices y Richard Isanove en el color. Isanove permanece en la saga, lo que da una continuidad muy clara, pero desde el final de la primera fase de la historia (los cinco primeros volúmenes) el ilustrador ha ido cambiando en cada título. En La batalla de Tull le toca el turno a un muy inspirado Michael Lark, que capta a la perfección la melancolía del Pistolero, la insana maldad del Hombre de Negro o la desesperación de los habitantes del pueblo. Si el grato recuerdo que dejó Lee en los primeros volúmenes nubla parcialmente los aciertos de Lark, no hay más que recrearse en el desenlace de La batalla de Tull para admirar su trabajo, con ese magnífico movimiento de cámara, que va desde el primer plano del Pistolero al plano general de las calles del pueblo para ver cómo ha concluido esta parte de la historia, con una formidable splash-page doble. Esta octava entrega de La Torre Oscura mantiene una frescura envidiable teniendo en cuenta que el título, a través de sus diferentes minisieres, alcanza su quinto año de vida. Y deja con ganas de más, porque el viaje del Pistolero continúa.
El volumen incluye los cinco números de la miniserie The Dark Tower: The Gunslinger – The Battle of Tull, publicados por Marvel Comics entre agosto y diciembre de 2011. Además de un prólogo del editor adjunto, Charlie Beckerman, contextualizando la historia y resumiendo las siete entregas en cómic anteriores, la edición española utiliza la ilustración del primer número americano en su cubierta y reproduce en su interior las de los números 4 y 5, todas ellas realizadas por Michael Lark.