Guión: Brian Azzarello.
Dibujo: Eduardo Risso.
Páginas: 240.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Diciembre 2013.
De entre los muchos adjetivos que se pueden aplicar a 100 balas, uno de los que ha de figurar por fuerza en todos los análisis es el de imprescindible. 100 balas es imprescindible para entender la evolución del cómic para adultos, especialmente dentro de las grandes editoriales norteamericanas. Es imprescindible para comprender la influencia que ha tenido en el cómic de género negro y pulp que ha venido después. Y es imprescindible para entender las carreras de sus dos autores, el norteamericano Brian Azzarello y el argentino Eduardo Risso. Pero sobre todo es imprescindible por el enorme talento creativo que hay en sus páginas. Su arranque es uno de los más sugerentes del cómic contemporáneo. ¿Y si un desconocido te ofreciera los medios y la impunidad para acabar con la vida de aquellos que han destrozado la tuya? ¿Y si si tuvieras 100 balas marcadas para que, en cuanto caigan en manos de la Policía, te liberen de cualquier delito que hayas cometido con ellas? ¿Y si de esa forma puedes hacer justicia? El arranque, sí, es extraordinario, pero la evolución confirma que es mucho más que eso.
Los primeros números de la serie dan a entender que va a ser una historia episódica. Que los protagonistas van a ir rotando, que van a ser diferentes personas las que reciban la oferta de las 100 balas. Una joven delincuente que sale de la cárcel para vengar el asesinato de su marido y su bebé a manos de dos policías corruptos. Un hombre que pasó tiempo en prisión acusado de pornografía infantil por el capricho de una joven millonario que puso las fotos en su ordenador. Una anciana que quiere vengarse del constructor que uso los materiales tóxicos que contaminaron a su hijo. Azzarello borda la historia corta, en diferentes extensiones, a veces de tres números, a veces de uno solo. Pero el centro de todo es el agente Graves, quien ofrece las 100 balas y auténtico eje de la historia que se está tejiendo desde el principio. Por episodios, se ve un magnífico mosaico de las culturas norteamericanas más marginales, con el uso de un slang que no siempre encuentra traducciones fáciles, siempre ahondando en lo más decrépito, sucio y corrupto de la sociedad actual. Pero el escenario es mucho más grande, y en estos diez números que incluye este primer libro ya se empieza a ver.
A Azzarello siempre le ha gustado escarbar en ambientes sórdidos, incluso en sus cómics de superhéroes, y 100 balas se convierte en el escenario ideal para dar rienda suelta a su imaginación. En ese sentido, es difícil que la primera historia, la de la joven Dizzy Cordova, no consiga que el lector se sumerja en este universo. Por el guión de Azzarello y por el dibujo de Eduardo Risso, el mejor ilustrador posible y el que más partido ha sabido sacar siempre de las historias de Azzarello, con permiso del espectacular Lee Bermejo. Risso, con su línea sencilla, su estilo caricaturesco y su espectacular uso de las sombras, enamora desde la primera página, si es que la palabra «enamorar» puede describir la fascinación que produce este mundo. Porque en 100 balas hay criminales, asesinos, narcotraficantes, timadores y, claro está, mujeres fatales, y eso hace de la serie una experiencia salvaje, contundente y brutal, única por muchos imitadores que hayan surgido después y uno de los títulos que hicieron del sello Vertigo de DC una de las marcas más reverenciadas y con razón del mercado norteamericano. La única advertencia que hay que hacer ante este volumen, el primero de los diez que recogerá la serie completa, es que engancha sin remedio.
El volumen incluye los diez primeros números de 100 Bullets, publicados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre agosto de 1999 y mayo de 2000. Como contenido extra aparecen las portadas de los seis primeros números, ilustradas por Dave Johnson.