CÓMIC PARA TODOS

‘El rayo mortal’, de Daniel Clowes

00106522596342___P1_1000x1000Editorial: Random House Mondadori / Reservoir Books.

Guión: Daniel Clowes.

Dibujo: Daniel Clowes.

Páginas: 56.

Precio: 17,90 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Enero 2013.

Daniel Clowes ganó con El rayo mortal los premios Eisner a la mejor historia o número único, los Harvey al mejor escritor y a la mejor historia o número único y los Ignatz al mejor artista y al mejor cómic. Esos premios son la mejor carta de presentación para un cómic absolutamente imprescindible, brillante, profundo y entretenido a partes iguales, que sabe ahondar en debates morales y personales en los que pocas veces entra el cómic de superhéroes y que acerca a ese género a quienes no lo conozcan demasiado o lo consideren demasiado superficial. Con este título, Clowes da una vuelta de tuerca al género, con una historia cínica y mordaz, que juega con los convencionalismos para llevar a un entorno aparentemente real y quizá incluso algo autobiográfico. Imposible disociar la historia del cuidadísimo diseño gráfico de la presentación. Texto y dibujo conforman una obra maestra inolvidable y decisiva en la obra de su autor. Como en otras de sus obras (la más conocida sigue siendo Ghost World, publicada entre 1993 y 1997), Daniel Clowes insiste en temas conocidos en su trayectoria como la adolescencia o la amistad.

Andy es un adolescente, poco sociable, marginado por sus compañeros y con un único amigo, Louie, que se cree mucho más importante que él y se lo recuerda constantemente. Un día descubre que la nicotina le da poderes. Vestido como un superhéroe de cómic para ocultar su identidad, armado con una pistola desintegradora y aleccionado por Louie, Andy decide convertirse en un vigilante. Con sus acciones, se acabará dando cuenta de que impartir justicia no es tan sencillo como había imaginado. El protagonista no deja de ser una especie de reverso cínico de Peter Parker, descubriendo sus poderes como Spiderman en las historias originales de Stan Lee y Steve Ditko. Cínico porque hay mucho de eso en que en este mundo tan políticamente correcto en que vivimos sea precisamente la nicotina lo que le da sus poderes a este joven inadaptado y procedente de una familia como poco desestructurada. Hay grandes temas y hay muchas conclusiones. Clowes dibuja un mundo cargado de grises, en el que nada es bueno o malo en sí mismo, en el que el punto de vista justifica las acciones de los protagonistas, y esto lo evidencia contando la historia como un inmenso flashback que parte de un arranque en el que el propio Andy se dirige al lector. Las barreras del medio quedan rotas y es así como el autor trasciende el simple relato, con una decisión tan simple, tanto narrativa como visual.

El rayo mortal arranca con una página doble con doce viñetas idénticas, una estructura que romperá continuamente a partir de la tercera página. En las 18 primeras viñetas, Andy se dirige al lector. En las tres siguientes, habla con otro personaje. Y Clowes cambia el color en estas últimas. Es el primero de los incontables recursos con los que enriquece su trabajo en el plano visual, convirtiendo al diseño gráfico de la historia en un personaje más, en un elemento decisivo y definitorio de un cómic que, por esta razón, sobrevuela por encima de lo esperado. La historia es atractiva; su ejecución, magistral. Clowes combina la narración directa con la epistolar, con el falso documental y, por qué no señalarlo, con el mismo cómic de superhéroes. La amalgama propone diversos niveles de lectura, en el que ninguna decisión en el apartado gráfico parece aleatoria. Y todo ello lo consigue el autor con su habitual dibujo de trazo limpio y pocos detalles, que apenas parece sugerir la lectura adulta que contiene, lo que hace de El rayo mortal una obra eminentemente personal pero que encuentra acomodo en el cómic independiente del que surge e incluso en el cómic más reconocible entre públicos más juveniles de los que aspira a tener esta obra, un cómic en el que encuentra su motivación original.

The Death-Ray apareció por primera vez en 2004, en el número 23 de Eightball, último de la colección que editó Fantagraphics. Drawn & Quarterly lo publicó ya como tomo en tapa dura en septiembre de 2011, y esa es la edición que recogió Reservoir Books.

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Esta entrada fue publicada el 13 marzo, 2014 por en Cómic, Daniel Clowes, Fantagraphics, Randon House Mondadori.

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