Guión: Aisha Franz.
Dibujo: Aisha Franz.
Páginas: 212.
Precio: 16 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Enero 2014.
Una madre separada, frustrada y agobiada, una adolescente rebelde en casa aunque sin encontrar la felicidad fuera del hogar. Y una niña ansiosa de conocer el mundo que esconde a un extraterrestre en su cuarto. Estas son las protagonistas, madre e hijas, de Planeta Tierra, la primera novela gráfica de Aisha Franz, que se puede calificar de sorprendente por la facilidad con la que cambia de tercio y por la mezcla entre realismo y ficción que lleva a dudar si se está leyendo un cómic sobre tres mujeres de carne y hueso muy bien descritas o si, por el contrario, es una historia de ciencia ficción con toques realistas. En ambos casos, el resultado es notable y en realidad la mezcla entre ambos puntos de vista es continua, con escenas oníricas o directamente fantasiosas que se van mezclando en el collage de sentimientos y sensaciones que va tejiendo Franz para sus tres protagonistas. Y aunque es una historia femenina y en femenino que entre otros temas habla del despertar, la experimentación y la madurez sexual de las tres mujeres que concentran la atención de Franz, su gran triunfo es que en ningún momento se siente excluyente. Lo impiden las sorpresas, lo fantástico y la curiosa narración de su autora.
Resulta inevitable vincular el juicio a Planeta Tierra con el aspecto aparentemente ingenuo e infantil que Franz da a sus trabajos. A lápiz, con un trazo sumamente sencillo, busca una cercanía con el lector que no tarda en encontrar. Quizá sorprenda a algunos lectores, los más acostumbrados a que la narración descanse sobre un trabajo gráfico mucho más elaborado, pero los reparos iniciales que pueda provocar se van disipando poco a poco. El paso de los páginas es un bálsamo para ir entendiendo las intenciones de Franz por encima de la desconexión que pueda provocar el dibujo. Porque no deja de ser una herramienta más, una que habla de una paradoja, la de la sencillez del trazo y de la composición de la página, que apenas rompe unas viñetas cuadradas y rectangulares, con la complicación de la historia. Porque eso es lo importante de Planeta Tierra, la historia y sus personajes. Lo que se cuenta en las poco más de 200 páginas de la novela gráfica abarca un tiempo de menos de 24 horas, en el que se condensa todo lo que está marcando las vidas de las tres mujeres protagonistas. Lo mejor de la narración de Franz es que no le hacen falta explicaciones redundantes o demasiado claras. Lo que muestra es lo que hay. Como la vida misma.
Y lo que va contando es una sorpresa continua. En las primeras páginas, es difícil saber si la presencia del extraterrestre (un guiño nada oculto a E.T., la película de Steven Spielberg) es real o si surge de la imaginación de la hija pequeña. Las secuencias oníricas se suman a esa sensación de impacta que va creando Franz, tanto para la hija mayor como para la madre. Y poco a poco, con mucha naturalidad, va introduciendo el sexo como elemento definitorio y diferenciador del momento por el que pasan las tres. La hija pequeña empieza a descubrir la sexualidad, gracias a lo que ve de su hermana, a lo que le cuentan sus amigas y a lo que experimenta ya con su propio cuerpo. La mayor, en cambio, pasa por una dificultad mayor. Quiere que el sexo abra la puerta a la normalidad en su vida, pero sabe que es un camino condenado al fracaso. Y la madre, con una visión más ingenua, romántica y, si se quiere, clásica, recuerda cómo se enamoró y lo que podría ser en la actualidad si hubiera tomado otras decisiones. La voz de Franz para contar todo este caudal de sensaciones es sincera y en algunos momentos poética. Ahí reside la mayor fuerza de Planeta Tierra, en su nada escondida pretensión de generar empatía con sus tres protagonistas. Y cuando no empatía, el recuerdo de haber vivido algo parecido, incluso desde una mirada masculina.
Alien, que es el título original de la obra, fue publicada por Reprodukt en enero de 2011. El libro no tiene contenido extra.