Guión: Manolo López Poy.
Dibujo: Miguel Fernández.
Páginas: 88.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2014.
No se puede negar el carácter atípico, y en consecuencia valiente, de A las cinco de la tarde. En un momento, el actual, que la simple mención del toreo ya provoca un enconado debate entre partidarios y detractores, tiene algo de suicida realizar la biografía en cómic de un torero español, y no precisamente la de uno de los que reconocerían al instante quienes no estén vinculados a ese mundo. Pero Manolo López Poy y Miguel Fernández cuentan, con un enorme y muy destacado afán documental, la vida de Lorenzo Pascual García, Belmonteño, desde que nació en 1921 hasta que se retiró del toreo en 1956, con una parada final en nuestros tiempos para ver precisamente cómo ha cambiado lo que rodea a la que fue su profesión. No se puede entender una obra como ésta sin un gusto por el toreo, pero A las cinco de la tarde no supone una glorificación, un alegato o una furibunda defensa del tema central de su obra. No es un juicio, es en cambio una exposición biográfica que, de la mano de la vida del torero, va pasando por la vida de la misma España que le vio formarse como matador.
La clave para entender la historia que cuenta A las cinco de la tarde está en su arraigo en la sociedad española del siglo XX. López Poy hace de esa intención su objetivo a la hora de construir el relato, que estructura en cuatro partes, todas ellas introducidas por un pequeño relato social de la España de la época y unas cuantas fotografías que despiertan a partes iguales la memoria de quienes las hayan vivido y la nostalgia de quienes las hayan visto en libros, cine o televisión. Pero no sólo eso, porque López Poy integra muy bien su historia en la Historia que introduce con esos textos. La Guerra Civil Española, la emigración a Hispanoamérica de diferentes clases de la sociedad española, la figura de Alfredo Di Stéfano antes de ser el jugador clave del mejor Real Madrid de todos los tiempo, o incluso el emocionado y melancólico vistazo final a la plaza de toros de Barcelona, sirven para que la inmersión en la lectura sea total. Todo esto encaja con una cierta asepsia documental que preside el relato, que incluso prescindiendo del toreo como elemento definitorio no es más que la vida de un muchacho que sueña con convertirse en torero y lo acaba consiguiendo a pesar de las dificultades.
Hay aquí un gran trabajo documental, coronado con las pinceladas biográficas de Belmonteño que se ofrecen al final del libro, que se aprecia en la narración pero sobre todo en el dibujo de Miguel Fernández, que recrea escenarios reales con precisión. Y no sólo las plazas de toros que aparecen en el relato, también lugares ajenos a ese mundo, tanto del medio rural como de Madrid, despertando una nostalgia diferente con la visión del desaparecido cine Avenida de la capital de España. El artista, además, capta a la perfección el ambiente histórico que se respira en sus páginas, apostando sobre todo por grandes ilustraciones que harán las delicias de los amantes del toreo por un lado y del cómic por otro, porque es verdad que hay dobles páginas hermosas con la efigie de un toro y un torero, pero también impacta la sencilla pero muy atractiva representación del conflicto bélico español del siglo XX. Pisando terrenos algo movedizos, López Poy y Fernández consiguen un álbum muy completo y atractivo, capaz de convencer a lectores que no lleven el toreo en la sangre porque no se recrea en las escenas de lidia, que en realidad no son demasiadas. Como se ha dicho, no es una glorificación, sino una biografía. Es parte de la Historia de España, algo que no se puede borrar con el debate contemporáneo y que se presta a su plasmación en el cómic si se hace con tanto buen gusto como aquí.