CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con Karim Friha sobre ‘El despertar del zélfiro’

FrihaKarim Friha estuvo en la pasada edición de Expocómic para promocionar Corteza y savia (aquí, su reseña), el primer volumen de los tres que componen El despertar del zélfiro, una serie de aventuras y fantasía que en España está publicando Dibbuks. Karim es uno de esos autores que se hacen querer en el trato, muy abierto y divertido, uno de los que te habla con franqueza de su trabajo y con el que podrías pasar horas y horas hablando sobre cómic, en español además porque su madre es de aquí y se maneja bastante bien con el idioma. No tuvimos horas, pero sí un rato para que nos hablara de lo que nos ofrece en su primer trabajo como autor de cómics, uno muy recomendable y que deja con muchas ganas de ver cuanto antes las dos entregas que faltan.

¿Cómo creaste El despertar del zélfiro?

Como siempre, no es sólo una cosa la que me dio la idea. Es el resultado de muchas cosas que me han gustado y que me han influenciado. Siempre he querido hacer cómics, dibujar y escribir mis propias historias, con mis personajes. Me gusta el siglo XIX, me gustan los superhéroes, todo eso quiero mezclarlo, pero quería mostrar cómo tienen sus poderes. Me gusta también la psicología. Ha salido así la idea de ligar el espíritu y el cuerpo, si el espíritu está herido el cuerpo reacciona para defenderse. Eso en la realidad se llama la psicosomatización. Era eso pero en el género fantástico. Es un debate que existe desde hace mucho tiempo. Están los que piensan que está el alma y el cuerpo, y otros, como Spinoza, que piensan que los dos están juntos y hacen uno. Si uno está herido, el otro reacciona. Era hacer eso en el siglo XIX, con los superhéroes. La filosofía no la trato dentro del libro, lo que hay es una idea de un espíritu que se despierta y una versión científica más o menos de la psicosomatización, pero no  escojo una, pueden ser las dos. El primer personaje que pensé fue la pequeñita Apolina, la niña rubia, y era sólo un cuento de esa niña que está en un orfanato y empieza a defenderse.

En lo visual hay muchísimas influencias, se ve Disney, Marvel, Tim Burton… ¿Cuáles son las principales que tuviste de forma consciente?

Julio Verne, Dickens, claro, los X-Men y Tim Burton. Mucha gente ve el dibujo y piensa que se parece  a Tim Burton, y es verdad, pero la verdadera influencia de Tim Burton es más en los temas que desarrollo, los monstruos que no son los que creemos, los que son rechazados. Me influyeron mucho más sus temas. Su dibujo también, pero ahora todo el mundo dice eso.

Tu padre es argelino y tu madre es española. ¿Esa mezcla de culturas se ve de alguna manera en El despertar del zélfiro o en tu trayectoria como artista?

Mi madre es granadina, sí. Las cosas las hago instintivamente, hago lo que me gusta.  Cuando me dijeron que iban a publicar el proyecto pensé que igual era lo único que iba a poder hacer, así que puse todo lo que me gusta. Y lo he hecho instintivamente, con lo que me daba placer. Pero después he leído en una crítica francesa que mi dibujo es como yo, mestizo. Yo dibujo desde que soy niño, desde pequeño, desde siempre. Cuando veía algo que me gustaba empezaba a dibujar de esa manera pero creando mis protagonistas, mis personajes, mis historias. He leído todo lo de Astérix, lo de Tintín, el clásico franco-belga, imitaba Los Pitufos. Después, a los doce o trece años, llegaron los primeros mangas a Francia, Dragon Ball y todo eso. Y cuando lo vi pensé que tenía que hacer mi Dragon Ball. Y de mayor, los cómics americanos. Hay muchos autores que cuentan para mí. En mi editorial, en Francia, es Joann Sfar, alguien muy importante en la historia del cómic, él y todo su grupo pero él especialmente. Pero si alguien me dice qué hay que leer, Calvin y Hobbes. Para mí es lo mejor, en dibujo, en historia, es sencillo, inteligente, todo. Calvin y Hobbes es lo mejor.

Has mencionado antes tu gusto por el siglo XIX. ¿Siempre tuviste claro que ibas a ambientar ahí esta historia?

Sí, era lo que quería por muchas razones. Estéticamente, los edificios, el vestuario… Hay muchos cambios: políticos, tecnológicos… Hay muchas cosas que pasan. Y además no tengo que dibujar coches, je, je… Pero bueno, hay caballos. En el segundo volumen tenía que hacer un carro tirado por cuatro caballos galopando. Acabé uno y pensé que uno era bastante, y además lo quería contar saliendo de la viñeta…

Ya sabes que en España por el momento sólo se ha publicado la primera entrega. ¿Qué es lo que vamos a ver en las siguientes?

Hay tres volúmenes, cada uno tiene una historia autoconclusiva pero se siguen para formar una trilogía. En los tres los personajes protagonistas tienen que hacer frente a fantasmas de una dictadura pasada. Veinte años antes de la historia hubo una dictadura y una revolución, y ahora viven en la república, pero hay algunos que quieren volver al poder, no el dictador sino sus herederos políticos. En el primero tienen que hacer frente al médico del dictador. En el segundo será su hijo, que se llama Vincent, y aunque no utilizo la palabra en el volumen es un vampiro. Y en el tercero se enfrentarán al heredero político. Las historias las ligo al pasado de los personajes. Es muy importante, porque como los poderes vienen de la infancia hay muchos flashbacks. Para mí lo importante no era el poder, sino cómo lo han obtenido. Así, cuando escribes una historia lo más importante son los personajes, tienes que conocerlos, y después la historia viene sola. Uno de los personajes, el profesor Wernes, es un viejo explorador y hay muchas cosas que vienen de su pasado, y vemos amigos de infancia que vuelven como enemigos. Quería que no todo fuera blanco o negro, quería ambigüedad. He querido hacer en los tres un tono diferente: el segundo es una tragedia romántica y el tercero es pura aventura a lo Indiana Jones. El primero es verdad que era más mezcla.

Siendo como es una historia para todos los públicos, también es cierto que tiene elementos macabros. ¿Te es complicado meter esos aspectos en un relato que puedan leer los niños?

Para mí no. Si cuento una historia así, parece muy sombría y macabra, pero el dibujo desactiva lo macabro. Además, los cuentos que conocemos, Blancanieves o Caperucita Roja, eran muy macabros, terminaban muy mal, eran una manera de enseñar a los niños. Yo no me he limitado. Si hay violencia, tiene que ser explicada, no gratuita. Puedo soportar la violencia gratuita con una pizza y cerveza, claro,  pero como lo quería para todos los públicos, la explico. Nunca haré apología de la violencia. Si hay violencia, es por una razón. Hay muchos niños de nueve, diez o doce años que han leído este cómic, y muchas niñas, que te dicen que han tenido miedo con alguna escena pero lo dicen riendo. A los niños les gusta tener miedo, creo, y vivir con sus héroes el miedo. Lo más violento es lo que se ve en las noticias.

Me han llamado mucho la atención los cuadros con los que cierras el primer volumen. ¿De dónde sale esa idea?

Quedaban páginas al final y me dijeron si quería poner bocetos. Tengo muy pocos, pero se me ocurrió la idea de coger cuadros famosos poniendo mis personajes dentro. Es un gran placer, y además me permite hacer un homenaje a Goya, que para mí es muy importante. Goya y sus caprichos son algo que me toca profundamente, es parte de lo que me inspira por muchas razones. Artísticamente, claro, pero también con su vida, lo que pensaba, lo que representaba, cómo sentía su tiempo.

Y para acabar, ¿qué proyectos tienes a corto y medio plazo?

Hay una película en proyecto, en 3D, de El despertar del zélfiro, que está dirigida por Arthur Qwak, el que hizo Cazador de dragones, y hay un equipo muy bueno. Están al principio, pero el trabajo que ya está hecho es muy bueno, estoy muy contento y hay muchas personas interesadas. Ahora hay que reunir el dinero, pero empieza muy bien. Yo he trabajado en dibujos animados y sé cuáles son las dificultades de hacer un proyecto, y veo que por el momento eso anda muy bien, veremos. He hecho estos tres libros, hay un proyecto de película, así que he pensado que era el momento de hacer una nueva serie, en la misma editorial, Gallimard, pero con un formato más grande. Continuamos en el siglo XIX pero más fantástico. Creo que haré tres de este también, una historia completa y después veré. Sí, hay proyectos.

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Esta entrada fue publicada el 7 enero, 2014 por en Cómic, Dibbuks, Entrevista, Karim Friha.

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