Editorial: Planeta DeAgostini.
Guión: Robert Kirkman.
Dibujo: Charlie Adlard.
Páginas: 136.
Precio: 7,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Junio 2008.
Todo lo que en la quinta entrega de Los muertos vivientes, La mejor defensa, había podido dejar algunas dudas, por la vigencia de la fórmula o por la ausencia de un final al arco argumental que se iniciaba en sus páginas, recibe una contundente respuesta en el sexto volumen de la serie, Esta triste vida. Y es una respuesta que encaja perfectamente en el progreso de la historia. Cada vas más violenta, cada vez más truculenta, cada vez más triste, como aventura su título. Porque la lectura de Los muertos vivientes de Robert Kirkman y Charlie Adlard está realmente pensada para impactar en el momento. Eso es indudable. Y lo hace, con rotunda severidad en muchas ocasiones. Es de esos cómics que obliga al lector a pasar páginas de forma casi compulsiva, apenas saboreando el momento y queriendo saber más y anticipar lo que va a suceder a continuación. Pero el poso que deja es lo que realmente da valor a este título. Pensar en lo que hace el Gobernador, en la respuesta de Michonne y, sobre todo, en la decisión que tiene que adoptar Rick y cómo la justicia son detalles que provocan más escalofríos que los propios zombis.
Es verdad que el hecho de que el arco argumental ocupe dos volúmenes puede suponer un leve engaño en la lectura por la fuerza con la que arranca éste segundo, pero lo que en el arranque del anterior era pausa aquí se convierte en un frenesí casi descontrolado. Todo lo que sucede en este libro es salvaje. Y se puede argumentar que esa viene a ser la razón de ser de Los muertos vivientes, pero no tendría sentido ocultar que, en ese aspecto, se trata de un crescendo que, además, no deja de mejorar la serie número a número. Sí, es violenta, transgresora, muy dura visualmente y camina por la delicada linea de lo moralmente aceptable. Pero es que justo eso es lo que merece la pena de la serie. No habla simplemente de unos zombis que van por ahí comiéndose a los humanos supervivientes, aunque ahí están para hacerlo, sino que se trata de cómo responderá cada persona en esta situación límite, es una exploración en toda regla del alma humana y de sus niveles de cordura. Kirkman traza unos retratos sobrecogedoramente realistas de las acciones más inhumanas y sabe dónde y cuándo golpear para que el lector tenga que abrir los ojos cada vez más, ante la ausencia de límites en su propuesta.
Si hay un número en la serie que hubiera sido difícil de digerir sin el ominoso blanco y negro que preside sus imágenes desde el principio, es éste. Adlar no escatima ningún momento truculento, incluso encuentra motivos para crear una fantástica configuración de página (las viñetas de tamaño decreciente en la pelea de Michonne, el ritmo frenético que impone a la tortura del Gobernador o el poderoso silencio que preside el regreso a la cárcel). Pero si hay una joya que delate el talento de Kirkman y Adlar como narradores es la doble splash page del último de los seis números que contiene este libro. Es ahí, con un mensaje tan sencillo como evidente, y en las dos conversaciones finales que complementan ese aterrador momento, cuando cristaliza la genialidad de esta parte de la historia. Como es costumbre, el final es un cliffhanger que anticipa lo que puede suceder a continuación, pero la historia es tan vibrante que ni siquiera da tiempo a pensar en eso al final de la lectura, que es cuando todo lo anterior se repite en la mente del lector. Y ahí los dilemas de los personajes encuentran un eco que produce un desasosiego que recuerda que estamos ante una serie brillante. No para todos los públicos por la contundencia de sus ideas, argumentales y visuales, pero brillante en todo caso.
Este sexto volumen de Los muertos vivientes incluye los números 31 a 36 de The Walking Dead, publicados originalmente por Image Comics entre septiembre de 2006 y marzo de 2007. Image publicó el volumen recopilatorio que reproduce Planeta DeAgostini, This Sorrowful Life, en febrero de 2007. Como de costumbre, esta edición no tiene contenidos extra.