Guión: Arthur de Pins.
Dibujo: Arthur de Pins.
Páginas: 54.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2011.
Una serie, en el medio que sea, siempre corre el riesgo de repetirse. Pero con Zombillenium esa premisa hay que olvidarla por completo. Arthur de Pins cumple con todo aquello que figuraría en el manual de la perfecta secuela y al mismo tiempo esquiva todos los peligros que comporta una continuación, fundamentalmente uno: el de la repetición. Porque en ese sentido Recursos humanos, que así se titula el segundo álbum de la serie no tiene nada que ver con el primero, Gretchen (aquí, su reseña). Cuando el final de la primera entrega apuntaba en una dirección, De Pins decide cambiar totalmente de registro y ofrecer una historia que nada tiene que ver con aquella línea abierta. Cuando Gretchen y Aurélien se perfilaban como los protagonistas absolutos de Zombillenium, su creador decide darles un papel menos central en esta segunda historia. Y el autor consigue ese cambio de registro manteniendo además todo lo que convirtió Gretchen en un álbum espléndido, una magnífica interpretación cómica de los mitos del género de terror a través del gag, del humor negro y de la puesta en escena, una efectividad absoluta del dibujo por ordenador que le caracteriza y una enorme complejidad en los personajes cuya profundidad real todavía estaba por descubrir al final del primer álbum.
A pesar de la maniobra de distracción que en realidad supone su ilustración de cubierta, muy espectacular por cierto, la cosa en el segundo álbum va de demonios. Pero no es un relato sobre Aurélien, que aquí realmente va cediendo protagonismo según avanzan las páginas, sino sobre Astarath, un demonio adolescente que tiene una inquietante duda: ¿por qué los monstruos del parque de atracciones no tienen derecho a matar humanos? La pregunta cobra aún más sentido cuando la expansión que ofrece Recursos humanos llega precisamente por las dos vías que introducen a los seres humanos en el ambiente del parque. Por un lado, sus visitantes. Por otro, el pueblo en el que está ubicada la instalación y la forma de protestar de algunos de sus habitantes por la falta de oportunidades de trabajo en Zombillenium. Eso da lugar a escenas absolutamente delirantes como el encuentro entre el cura del pueblo y el director del parque, la pelea entre el esqueleto Sirius y los matones del pueblo, la reunión motivacional dentro del parque en la que dos de ellos se infiltran o el espectacular clímax final, perfectamente construido, en el que De Pins hace confluir todas las subtramas que ha abierto con tanta facilidad en las páginas precedentes.
Porque ese es otro de los méritos del Zombillenium de De Pins, que es capaz de introducir multitud de tramas y de personajes en muy pocas páginas sin que reste importancia a todo lo que se mueve alrededor. Por ejemplo, en Recursos humanos Aurélien no es el protagonista, pero tiene un papel capital. Y es una evolución del personaje del primer libro, ya asentado en el parque y aceptando su condición de criatura sobrenatural. En esta serie, todo parece lo mismo pero en realidad siempre es diferente. Y lo mismo sucede con el dibujo. De Pins mantiene el uso de su herramienta informática predilecta para dibujar, el Illustrator, y empuja un poco más para sacarle aún más partido, como se puede ver en las escenas en las que aparece Sirius y en los espectaculares escenarios que crea, sobre todo la planta -9, donde acaban los trabajadores despedidos del parque. Y dentro de la tradicional composición de página de Zombillenium, destacanlas viñetas verticales con las que De Pins soluciona la escena del ascensor, otro de los momentos cumbre de esta segunda entrega de una saga que no deja de crecer y que, visto lo visto, no se sabe hasta dónde será capaz de llegar. Con resultados tan magníficos como el de Recursos humanos, hasta donde quiera su autor.
Dupuis publicó Zombillenium. Ressources Humaines para todo el mercado franco-belga ligeramente antes de que llegara a España, en agosto de 2011. El libro no tiene contenido extra.