Juanjo Sáez publica Crisis (de ansiedad) (aquí su reseña) y Reservoir Book reunió en la librería madrileña Panta Rey al autor con representantes de tres blogs dedicados al mundo de las viñetas. Además de Cómic para todos, estuvieron Raúl Núñez Rolo, de LH Magazin, y Javier Mesón, de El coleccionista de tebeos. Y entre los cuatro presentes, más que hablar del libro, que también, debatimos sobre el mundo. Imaginemos una de esas charlas en las que buscamos soluciones a los problemas de la sociedad en la que vivimos, en la que despotricamos de todo lo que se pueda, y estaremos cerca de adivinar que se coció en esa hora en la que estuvimos charlando. Pero Crisis (de ansiedad) estuvo en el centro de todo porque es una colección de viñetas realizadas por Sáez durante esa inacabable crisis en la que vivimos y mientras él mismo vivió una situación personal de esas que te llevan al límite. Y uno de los primeros aspectos que quedó claro en la charla fue el cambio de registro del autor. «Tengo 40 años ya», dijo. «Dentro de lo que hago, que siempre es muy parecido, el tono es el mío, mis chapuzas son las mías y mi cutrerío es el de siempre, cada libro también me gusta que sea distinto. Empezar a repetirme, afrontar siempre lo mismo e intentar repetir el éxito entre comillas, como reto creativo también me aburre», añade.
¿Cuál es el origen del libro? A los problemas personales que están descritos en los pasajes que Juanjo escribe de su puño y letra, se suma «trabajar en un periódico y a diario», en el Ara. «Es una realidad que te absorbe mucho, el libro es producto de eso, de estar todo el día ahí metido en esa movida. Los cómics en mi caso son un poco fin de etapa, resumir todo ese tiempo que has estado con eso y a pasar página», explica. No tiene dudas el autor cuando se le pregunta para quién es este libro: «para la gente, para el pueblo. Para quien lo quiera leer, pero para la gente, para nosotros. Ayer me preguntaba un periodista si me gustaría que lo leyeran los políticos, y me da igual. Si esos van a juicio les dicen que han robado y lo niegan absolutamente todo». Y el título juega con esa idea. «Hablamos de todos los rollos de economía, de números, pero la crisis real es la de ansiedad, es el miedo que tiene la gente, la de ansiolíticos que se toma la gente. Esa es la realidad de la crisis, el miedo que están dando, a no tener dinero para pagar o a que te echen del piso», afirma, convencido de que «el libro en realidad es una obviedad, es un libro que busca la empatía, todos sabemos lo que pasa aquí, es como buscar formas ingeniosas de expresar eso, convertirlo en algo más intelectualizado si quieres, hacer algo creativo con eso, pero son todo obviedades».»No hay nada que discutir. Son cosas de niños pequeños. Tú a un niño pequeño le preguntas si es mejor un colegio gratis o una de pago y te dirá que gratis, sabe que tiene que merendar, si le duele la barriga sabe que va al médico. Son cosas muy sencillas, que un niño sabe», concluye.
Destacamos la valentía que hay en el libro para contar su vivencia personal, más concretamente la de su padre. «Porque soy un poco inconsciente también, y eso lo hice también como un poco performance. Más que el contenido que tiene, cómo está escrito o lo que pone, es la acción. Yo quería convertir esto en algo más que un compendio de viñetas y hacer algo más testimonial, llevarlo a las casas de la gente. Es un tópico lo que voy a decir: siempre se habla de tantos parados, pero son personas. Hay una persona que se ha quedado en paro, y hay un drama. Estamos un poco asalvajados, ves cifras… Era una forma de decir yo he visto eso, he estado ahí. Si no sería hacer un libro como los de El Roto, son todo viñetas que se te queda el cuerpo así, no da ningún tipo de salida y tampoco te da mucha empatía ni escuchas su voz realmente. Yo no quería hacer un libro así», argumenta. Por eso, el final feliz que tiene, porque «hay que dar un poquito de esperanza y, en el fondo, yo creo que algo mejor vendrá». ¿Y puede tener el libro algún efecto en el poder? «No, pataleta». ¿Y sobre la gente? «Lo máximo que puedo querer de todo esto es que sea un granito de arena. El que está haciendo una labor muy buena en esto es Jordi Évole, está en un medio que tiene mucha difusión, ha conseguido tener mucho eco, le han dado un Premio Ondas, es un tío que está reconocido y él sí que creo que revela cosas. El programa en sí tampoco creo que pueda formar una revolución, pero todos los que podemos influir en un pequeño círculo de gente sí que creo que puede servir. Pero así en individual no… Sumando, entre todos los que hacemos cosas así, sí que creo que vale la pena. Callarnos, tampoco».
Y por eso la charla deriva en todo eso que no podemos callarnos, en las crisis de ansiedad que sufren ahora mismo muchas personas. «La gente va al médico agobiada», recuerda, y eso nos ha llevado a que «el trankimazin es como el agua, es el medicamento ahora del que más oyes hablar. Cuando eras pequeño era la aspirina, luego el gelocatil o el ibuprofeno, y ahora es el trankimazin, vas al médico de cabecera y te receta trankimazin, ya no hace falta ir al psiquiatra siquiera». De ahí, la conversación deriva a la economía. «Como tampoco hacemos patentes de tecnología, ¿en qué vamos a competir? En picar piedra, mano de obra. Si quieres ser competitivo y no se invierte en I+D, ni en cultura, ni en arte, ni en patentes, ni en investigación, ¿competitivo qué queda? Picar piedra», dice. No es que vea un plan más o menos oculto, pero sí gente que cree en las diferencias, que son los que están en el poder. «Vosotros estáis a otras cosas, con vuestros blogs, no pensáis en cómo alcanzar el poder. El que lo quiere alcanzar lo alcanza, porque nadie lo para. Sólo tienes que ver a esa panda de energúmenos, que son tontos. Puede llegar a esos niveles de riqueza y poder quien se lo proponga realmente. Lo que pasa es que por suerte la gente normal no somos así, estamos sometidos al poder, al chiringuito esto, pero la gente normal pasa», sentencia.
El argumento continúa. «¿Tú te crees que un tipo como Rajoy que no sabe ni hablar puede llegar a presidente de España? Es porque nadie le ha parado. Le han ayudado entre todos y ha acabado ahí. Son inquietudes, la que tienes tú y vivir la vida de la forma que tú quieres. Es muy triste que la gente que tenga esa inquietud sea tan mezquina. Podría haber gente que tenga la inquietud de querer ser presidente para hacerlo bien, no para robar. La putada es que la gente a la que le interesa eso es muy cutre. A la gente más guay o a los intelectuales no les interesa. Además, ahora la política tiene una prensa chunguísima. A ver ahora quien se va a meter a político. ¿Cómo te vas a meter? Eso es una jauría, una panda de hienas. Antes te metes en una ONG o a Greenpeace o te haces bombero. ¿A político? Sería curioso ver los que estudian política ahora qué chavales hay ahí», dice. Y en cuanto a la economía, la que genera esas crisis de ansiedad, lo triste es que «el objetivo es bajar el salario mínimo a 400″, que la mano de obra sea barata en España». «Y el día que se alcance eso diremos que se ha acabado la crisis», añade, convencido de que, además, «a la información real no podemos acceder» y «si quieres sacar algo en claro tienes que leerte todos los periódicos, ver todos los informativos, y de ahí tú hacer un análisis».
Así llegamos al mundo de los blogs. «Por eso los blogs también suben. La gente piensa que es un tío que escribe aquí porque le da la gana a él, no tiene interés ninguno y encima le echa horas, porque tendrá esa necesidad de expresarse. Todo lo demás está mediatizado», dice. Juanjo afirma que «Internet funciona para hablar de temas culturales» desde hace ya algún tiempo. «Los blogs los levantáis personas y son vuestros intereses. Es un poco lo que era antes la prensa de opinión, que seguías a un columnista, que hablaba de lo que le interesaba a él. Pues el blog es eso pero ampliado». La publicidad sigue siendo el problema de Internet. «Lo bueno que tiene es cuantificable, eso es un tema que los anunciantes y la publicidad tendrán que ir asimilando poco a poco, y si quieren seguir con este sistema Internet irá en aumenta», explica. Para comparar, recuerda el caso de su serie de televisión, Arròs Covat: «nosotros teníamos una audiencias del 0,7, entonces dependías de tres máquinas en Cataluña. Si uno tenía la gripe, el otro se ponía malo y al otro le venían los suegros a cenar te quedabas en un cero radical. Y de repente nos veían los tres, éramos un éxito y estábamos por encima de la media de la cadena. La serie duraba quince minutos, pasábamos de ser lo más visto a lo menos, era una locura. En cambio, en la web de TV3 era cuantificable. Ahí sabíamos qué iba bien».
No podíamos dejar de hablar del mundo del cómic, empezando por la propia carrera de Juanjo, que ha pasado por un pequeño respiro desde que en 2010 publicara Yo. Otro libro egocéntrico. «He estado con el tema de la tele, hice una tercera temporada de la serie. Hacer animación te chupa muchísimo tiempo y después que estaba en el periódico publicando cada día, sábados y domingos. Fue como un reto personal bestia, pero me metí y me tiré dos años. Entre eso, la serie y encarguitos de cosas sueltas que te salen por ahí… No hay más tiempo», explica. En todo caso, recuerda que los dibujantes también se generan el trabajo: «un libro nadie te lo pide, lo presentas y por suerte a mí la editorial me los va sacando». Y recuerda que el lugar del cómic es complejo, porque «no es que vendamos 100.000, no hay un best seller». Le apuntamos el nombre de Paco Roca. «¿Pero Paco cuanto puede llevar de Arrugas? 100.000 no son. Él debe cobrar un euro y medio, pon que haya vendido algo menos de 20.000, pues son 20.000 euros… ¿en cuántos años? No hay un Pérez Reverte, no hay un best-seller, una estrella. Paco igual es el que más. Yo no me quejo, no me va mal, pero no hay un cómic que de repente genera tantísima pasta como unas Sombras de Grey. No hemos llegado a ese punto», dice. La del cómic, sentencia, «es una industria que date gracias que está como está, pero no podemos mantener un chiringuito grande». Y así con todo, hay que dar gracias por libros como Crisis (de ansiedad).