Guión: Jesús de Cos (basado en el guión de la película, escrito por Jorge Lara y Francisco Roncal).
Dibujo: José Luis Reyes.
Páginas: 48.
Precio: 12 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2013.
Viene a ser un detalle tan simpático como interesante que Zipi y Zape y el club de la canica, la película basada en los personajes creados por Paco Escobar (crítica, aquí), tenga a su vez una adaptación al cómic. Es interesante porque habla de un crecimiento en la industria española que hasta ahora no se daba, uno en el que el cómic también puede explotar al cine, y que abre un camino para que futuras películas que busquen su inspiración en las viñetas españolas tengan esa misma retroalimentación. Y es simpático porque supone un reflejo curioso de la película dirigida por Oskar Santos, ya que devuelve al ámbito del cómic de Escobar una historia que, en apariencia e incluso con el respeto debido a la creación de tebeo, se desviaba bastante de su origen con una historia que buscaba repetir el éxito de franquicias juveniles mucho más modernas y fantasiosas que Zipi y Zape. Lo que ofrece este álbum es un acertado ejercicio de referencias, porque Jesús de Cos y José Luis Reyes consiguen que funcione lo que en la película podía provocar algunas dudas y recuperan la espontaneidad y el gamberrismo inherente a los gemelos más famosos del cómic español, cualidades que en la gran pantalla estaban bastante más limitadas.
El acierto esencial del cómic de Zipi y Zape y el club de la canica es devolver a la historia un dibujo más cercano al original de Escobar que la casi adolescencia de los actores que interpretaron a los personajes en la película. Aún habiendo diferencias con los clásicos, es innegable el esfuerzo de De Cos y Reyes para que el lector se imagine su álbum como uno más de los muchos que hizo el creador de los personajes. Consiguen integrar todo lo que no estaba en la película y que se echaba de menos, desde las ocurrentes y espontáneas frases de los gemelos hasta los animales parlantes, pasando por los gags visuales a los que por una cuestión de estilo renunció la película (los gemelos transformándose en demonios cuando están muy enfadados, esos clásicos círculos en lugar de las piernas para mostrar una veloz carrera o las sonoras onomatopeyas). El esfuerzo pasa por devolver a Zipi y Zape el protagonismo absoluto que, de alguna manera, no tenían en algunos momentos de la película y que se llevaba con facilidad Javier Gutiérrez dando vida a Falconetti, un personaje bastante más gris en este álbum pero que en la película era lo más conseguido.
Reyes busca una mezcla entre el aspecto de los actores del filme (algo especialmente conseguido con Christian Mulas como Heidi, el guardián del colegio, y Alex Angulo como Esperanza, fundador de este internado; y paradójicamente no del todo en Falconetti) y el de los personajes clásicos (algo especialmente notable con Zipi, Zape y Matilde, los dos primeros recuperando los esquemas de Escobar y la última adaptándose de lleno a esos diseños). Eso permite que la lectura sea amena e incluso que ofrezca un toque de nostalgia para los admiradores de la obra de Escobar. Por un respeto aún más claro al creador de los personajes, la adaptación al cómic renuncia parcialmente a aquello que distinguía a la película, su pretensión de acercar al cómic unas historias juveniles mucho más cercanas a sagas como las de Harry Potter. El regreso de esta historia a las viñetas que le sirvieron de inspiración permite apostar por un gamberrismo del que cabe pensar que Escobar estaría más satisfecho y que divierte gracias a la sencillez y, sobre todo, la libertad con las que sus autores acometen la empresa.
Ediciones B publica Zipi y Zape y el club de la canica como el número 160 de la colección Magos del humor, una serie en la que se engloban los grandes personajes del cómic de humor español como Mortadelo y Filemón o Superlópez, y también de más allá de nuestras fronteras como Los Simpson.