Este viernes día 18, Rubén del Rincón (aquí, el enlace a su blog) firma ejemplares de Para el Rastro a partir de las 19 horas en la librería Generación X de Barcelona, en el número 10 de la Plaza Tetuán. ¿Y qué es Para el Rastro? Ciencia ficción, erótico, realista… Todo tiene cabida en esta recopilación de historias cortas e ilustraciones que, mereciendo mucha más suerte, no encontraron su sitio, pero que juntas forman un libro simpático, divertido, atractivo, casi un mapa que señala el camino de su autor, Rubén del Rincón, como autor de cómics. Hablamos con él sobre los pormenores de su publicación y de su contenido.
No es muy habitual que un recopilatorio tenga una historia que sirva de hilo de conductor. ¿Cómo surge la posibilidad de editar Para el Rastro y, concretamente, el relato de Ingrid que sirve para unir las historias?
La idea de Para el rastro nace de una inquietud mía para con mi trabajo, y esa inquietud es que dicho trabajo forme parte de un libro. Desde que empecé en esto de los cómics me planteé tener editados libros, o álbumes, o tebeos. Ya con Nassao Views tenia fritos a los chicos de La Cúpula con una posible recopilación, casi desde el principio. Yo sabía que Nassao iba a ser una serie extensa pero que al final formaría una historia completa, con lo que el sentido del libro estaba justificado, como el de muchas otras series. Sin embargo, en el caso de Para el Rastro, el único nexo de unión que tenían las historias que lo forman, era el hecho de no formar parte de nada: algunas fueron series canceladas y por tanto incompletas, alguna historia nunca vio la luz, y otras eran piezas sueltas aparecidas en revistas de distinta índole… Hasta las ilustraciones de ese libro, las del final, tienen esa particularidad. Así que estuve muchos meses buscando como darle un sentido a todo ese material, ya que un recopilatorio me parecía insuficiente para un contenido tan dispar. Mientras lo buscaba me asaltaron dudas. Valoré seriamente si valía la pena preparar el libro. Estuve a punto de abortar la idea varias veces, pensando si no era mejor dejar que esas historias quedasen olvidadas… Pensaba que probablemente yo mismo como lector, no tendría interés en ese libro si se publicase como un simple recopilatorio.
Y de pronto me dí cuenta de que la gracia, el sentido del mismo, estaba en orquestarlo sobre el dilema que yo tenía en ese momento. Busqué un personaje que me permitiese valorarlo todo desde fuera, a través de sus ojos, pero que a un tiempo pudiese tener alguna relación con esas historias de saldo… Y así nació la idea de mi joven, apasionada y rebelde heredera en la ficción, Ingrid. En esa historia de nexo pude plasmar todas mis dudas al respecto. Incluso la conclusión final de todo mi dilema me sobrevino mientras escribía esa historieta. Con todo, habiendo encontrado el motor del libro, aún necesitaba corregir ciertos fallos de cada historia, dividirlo todo por capítulos, y lo mas importante: terminar mi última serie inconclusa Albesa Girls, que para mí era la baza principal del libro. Y lo era porque fue la causante de que empezase a pensar en preparar Para el Rastro, como refugio de todas esas historias desamparadas. Adapté el argumento que tenia pendiente para darle un sentido con 10 nuevas páginas, y me puse a trabajar. Por fin tuve terminadas las 21 páginas de Albesa Girls, la historia de Ingrid que movía todo el libro y servía de nexo a las demás, y noté que faltaba algo. Así que decidí incluir unos textos antes de cada capítulo. Unos textos a medio camino entre la realidad y la ficción. Realidad porque explican curiosidades sobre el proceso creativo que rodeó a cada una de las historias; ficción porque las escribía un Rubén del futuro. Además de contextualizar las historias, me servían también como puente para que Ingrid empatizase con el autor de las historias, su abuelo, y con mis dudas sobre si publicar no el libro.
«Las historias apestadas del abuelo», dice Ingrid cuando las encuentra en una carpeta. ¿Por qué ese adjetivo? ¿Son éstas de alguna manera «historias apestadas» en la realidad?
Si, lo son. No exactamente apestadas, claro, pero son historias que no encontraron su sitio, o que sencillamente, no lo tenían al tratarse de historietas cortas.
Los pin-ups y algunas de las primeras historias del libro son eróticas e incluso abiertamente pornográficas. Parece un género un tanto tabú, sobre todo sin el soporte que tenía en revistas como El Víbora o Kiss. ¿Cómo fue hacer aquellas historias? ¿Crees que lo erótico tiene presente y futuro en el cómic español?
Yo empecé trabajando en Kiss, así que las veo como algo muy normal. Entiendo que quizás no lo sean para mucha gente al tratarse de un género tan concreto, pero para mí sí. Lo que sí es cierto es que una vez desaparecidas las revistas que las publicaban, estas historias solamente pueden encontrar su lugar en libros para adultos (llamémosles álbumes o novelas gráficas), y en ese caso tendrán que aportar algo mas que sexo o un sexo muy bien tratado y sublimado para que al lector le merezca la pena el dispendio económico que supone ese formato. O eso, o Internet, digo yo.
El ladrón de besos la hiciste con Santi Navarro, un autor que nos dejó demasiado pronto. Cuéntanos el proceso de creación de esa historia y cómo era tu relación con él.
Con Santi Navarro aprendí cosas importantes sobre el tema o el fondo de las historias. Lo que subyace tras las luces, los efectos, la prosa o un buen dibujo. Y es que sospecho que él mismo era así, de algún modo, más que morir, trascendió. Esa historia que hice con él, El ladrón de besos, me ayudó a comprender eso trabajando en el sentido opuesto. Yo sabia qué tema tratar, qué idea debía vehicularse… pero era incapaz de organizar una trama real con ello, no sabía por donde empezar. Cuando le conté qué idea era, lo que quería transmitir, lo preparó todo en un santiamén. Preparó el argumento, puso cara a los obstáculos e hizo reales los conceptos… Por como era, y lo que le interesaba de las historias, creo que el solía trabajar al revés, no estoy seguro, pero en esa única colaboración que tuvimos, fue así. Y no sólo estuvo bien, creo que me sirvió de verdad. Por eso, aunque puede encontrarse en Lovexpress, quise incluirla en Para el Rastro«, porque me pareció importante haberla hecho con un tipo tan especial como lo era él.
Liga de robots y Albesa Girls son divertidas y atractivas historias de ciencia ficción. La primera apenas es un relato breve, un spin-off de RGH, y la segunda se ha visto seriada en la revista SciFiWorld pero nunca en España como libro. Háblanos de ambas y dinos si hay alguna posibilidad de futuro para alguna de las dos, tanto en Francia como en España.
Desgraciadamente quemé todas las naves con ambos proyectos. Estuvieron en manos de varios editores tanto franceses, belgas, como americanos, sin éxito. Si hubo algún interés, se acabó perdiendo. Tan solo Albesa Girls, que la concebí como serial para Lanfeust Mag, empezó a publicarse allí, y enseguida se decidió no seguir con ella. Yo mismo, al incluirlas en Para el Rastro, queria olvidarme de ellas, dándoles un final algo digno, y para que dejasen de rebotar en mi cabeza. Este libro, fue ante todo, una manera de pasar página ante las luchas imposibles que mantenía por encontrar editor para una serie u otra. Así que no veo ninguna posibilidad, empezando ya por el autor…
En las diferentes historias de Para el Rastro alternas color, bicolor y blanco y negro. ¿Como dibujante te da igual trabajar en uno o en otro, depende más de cuestiones artísticas o al hacer estas historias había más condicionantes editoriales y económicos?
Sí, cada historia estaba condicionada por las exigencias de su soporte original, mas que la mía propia. Normalmente me suelo adaptar a lo que se pide. Las del Víbora las pidieron en blanco y negro, para Kiss fue en bitono (salvo dos que pidieron expresamente a color) y así siempre, en base a lo mismo. Es por eso que las páginas nuevas de Albesa Girls, las terminé a color, que es como aparecían en la revista originalmente. En cambio para la historia de Ingrid, usé un bitono tirando a violeta, para darle un aire distinto de los demás bitonos del libro y que no hubiese confusión. Me parecía mas serio que darle color pese a que era la historia que mandaba.
Pasando las páginas de Para el Rastro, es un libro que va conformando una cronología de Rubén del Rincón como autor, sobre todo como dibujante. ¿Cómo lo ves tú? ¿Te reconoces fácilmente en tus primeros trabajos? ¿En qué crees que has cambiado desde el primer relato del libro, El padre Agustín, hasta la historia de Ingrid?
Creo que la evolución gráfica es la que salta a la vista. Lo que no sé si queda tan patente, o mejor dicho, ni siquiera sé si está bien representada, es la evolución narrativa, y no me refiero a la gráfica. Me refiero al fondo de la historia, a lo que quiere decir verdaderamente… La de Ingrid, por ejemplo, yo creía que estaba muy clara, pero de repente una amiga me dijo que no entendía que pintaba esa historia de la chica arriba y abajo… Eso frustra, porque para mí era lo principal del libro… Pero en fin, tampoco es para tanto. En referencia a los primeros relatos, me veo verde. De dibujo, de narrativa, de todo… Pero de alguna manera me hace gracia, y me parece que tienen cierto toque que con los años, si sigo en esto puede perderse. No se si será la ilusión del principio, o la inocencia o desenfado del principiante… Desde luego, si veo que soy yo, con todo. Bueno y malo.
¿Hay intención, material y posibilidad para hacer un Para el Rastro 2?
Como siempre, me volqué demasiado en algo que debería haber sido mucho mas sencillo, y no tengo ganas de repetirlo… Así que no. Además, el sentido del libro viene con la historia de Ingrid, y esta termina en Para el Rastro. Una de las razones más poderosas de hacer una segunda parte, es la demanda del público. A mí nunca me ha pasado, pero mucho me temo que si así fuese, no sabría como ni con qué material hacerla…