CÓMIC PARA TODOS

‘Zipi y Zape y el club de la canica’, de Oskar Santos

Cartel_oficial_horizontal.jpg_rgbTítulo original: Zipi y Zape y el club de la canica.

Director: Oskar Santos.

Reparto: Raúl Rivas, Daniel Cerezo, Javier Gutiérrez, Claudia Vega, Marcos, Ruiz, Fran García, Álex Angulo, Christian Mulas.

Guión: Jorge Lara y Francisco Roncal (argumento de Jorge Lara y Oskar Santos).

Música: Fernando Velázquez.

Duración: 97 minutos.

Distribuidora: Walt Disney.

Aunque pueda sorprender a muchos, Zipi y Zape y el club de la canica no es la primera película de acción real que protagonizan los traviesos gemelos que ideó Escobar a finales de los años 40 del siglo XX. En 1981 se estrenó Las aventuras de Zipi y Zape, filme dirigido por Ernesto Guevara y que ha pasado a la historia por ser una terriblemente fallida adaptación de la historieta, con unos protagonistas excesivamente adultos y un guión absurdo. Zipi y Zape y el club de la canica, la versión del cómic que ahora llega a los cines, no sólo es una película infinitamente mejor que aquella sino que viene a demostrar que es posible en un país como España hacer buen cine para los más pequeños y homenajeando a los héroes del tebeo de toda la vida. El filme tiene una premisa básica: aún respetando lo más básico de los dibujos de Escobar, no quiere ser una fotocopia del cómic. En El club de la canica no están todos los personajes principales de las viñetas ni tampoco una de sus historias más populares. Pero sí está el carácter travieso, gamberro y divertido de los chicos, el sentido aventurero y la obligada diversión. Partiendo de esa base, es evidente que el film, dirigido por Oskar Santos (autor también de El mal ajeno) quiere que sus inspiraciones sean por un lado Los Goonies y por otro la serie de Harry Potter.

Y la mezcla no funciona nada mal. De Los Goonies, aunque le falta el carisma instantáneo que hizo del filme de Richard Donner un clásico de su generación, quiere sacar el concepto de aventura en pandilla. Y sólo hay un gran pero que lamentar en ese objetivo. No está en la elección de los chavales protagonistas, acertada, sino en lo que se les ha pedido después. Y es que pronuncian sus frases como si estuvieran recitando, perdiendo buena parte de la espontaneidad que cabe esperar de un grupo de niños y, sobre todo, de unos tan ágiles como Zipi (Raúl Rivas) y Zape (Daniel Cerezo). De este pequeño problema escapa en algunas escenas Marcos Ruiz (Micro) y cae abundantemente Fran García (Filo). Da la impresión de que la orden que han recibido los actores más jóvenes es que digan sus frases vocalizando a la perfección sin reparar demasiado en el efecto que eso produce en su discurso. Trazando una comparación accesible al público en general antes de verla en su papel de Matilde, Claudia Vega, quizá la más completa de todos, tenía mucho más desparpajo con menos experiencia en Eva (Kike Maíllo, 2011). No quiere decir esto que los actores juveniles fallen, ni mucho menos. Parten de la imagen adecuada y tienen el peso necesario para sostener la película. Pero sí les falta que la dirección de Oskar Santos les hubiera dado algo más de libertad para que el desparpajo les convirtiera efectivamente en grandes encarnaciones de los personajes de Escobar.

De Harry Potter saca un escenario casi mágico, un enorme internado ubicado en una mansión, con rincones ocultos y un misterio que resolver. Como versión española de esa fórmula internacional que captura la imaginación de tantos millones de niños, la verdad es que funciona francamente bien, porque la historia avanza con mucha fluidez y distribuyendo adecuadamente los momentos de protagonismo entre todos los integrantes de este peculiar club de la canica. Visualmente, Santos consigue un escenario creíble y divertido, muy deudor del lenguaje del cómic, con una trama quizá algo simple (y eso se nota sobre todo cuando acaba resuelto el misterio) pero con bastante imaginación y un diseño de producción formidable, en el que los actores adultos parecen sentirse francamente cómodos, incluso aceptando la caricatura que se les propone. Así, es bastante divertido el trabajo de Javier Gutiérrez como Falconetti, el villano de la película, el director del internado, que disfruta muchísimo alejándose de sus habituales papeles de criado, hombre llano o directamente analfabeto que tan popular le han hecho, por ejemplo en la serie Águila Roja. Y es muy agradecido el pequeño papel, casi un cameo, de Álex Angulo.

Zipi y Zape y el club de la canica es un solvente entretenimiento juvenil que ni micho menos aburre al público adulto (sin necesidad de buscar multitud de guiños, aunque hay dos muy evidentes, en un gesto de Falconetti y en el número que luce en su uniforme uno de los alumnos que tiene frase en el guión) y que homenajea con acierto la creación de Escobar sin necesidad de estar limitado por lo ya conocido de las viñetas. Su mayor mérito radica en lograr una buena atmósfera que mezcla la caricatura y el realismo, un tono que potencia la espléndida música de Fernando Velázquez (y que, en cierta medida, rompe la canción con la que arrancan los títulos de crédito, Por siempre, de Cali y El Dundee, cuya letra no tiene absolutamente nada que ver con la película). Cabe esperar que la notable factura de la película sirva para que se pierda el miedo a llevar el cómic español a la gran pantalla, después de intentos como la muy fallida El Capitán Trueno y el Santo Grial o las más que discutibles entregas de Mortadelo y Filemón.

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Esta entrada fue publicada el 4 octubre, 2013 por en Cine, Disney.

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