Editorial: Planeta DeAgostini.
Guión: Robert Kirkman.
Dibujo: Charlie Adlard.
Páginas: 136.
Precio: 7,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Diciembre 2005.
Que a Robert Kirkman le gustan las sorpresas es algo que sabe cualquier lector que se haya aproximado a uno de sus cómics. Con el segundo arco argumental de Los muertos vivientes, titulado Muchos kilómetros a las espaldas, el objetivo primordial es justo ese, sorprender. Porque Kirkman creó en los seis primeros números un grupo de personajes, una situación apocalíptica y unos temas muy concretos para desarrollar el conflicto. Pues bien, su enorme acierto en la continuación de la historia está en crear elementos nuevos y sorprendentes. El arranque da por sentado que a estos zombis hay que matarlos, pero aquí plantea una solución diferente. Evidenció que el peligro eran los infectados, pero aquí trastoca esa idea, incluso introduciendo el concepto del fuego amigo, que el lector siente en carne propia. Planteó que las personas estarían siempre en disposición de ayudarse en esta muy adversa situación, pero aquí saca a relucir el egoísmo del ser humano. E incluso es capaz de introducir cuestiones que tocan el futuro, personal de cada uno de los individuos que forman el grupo de supervivientes y de la humanidad en general. A pesar del espléndido trabajo de Tony Moore en los primeros números, hasta el cambio de dibujante parece una decisión acertada.
Kirkman mueve al grupo de protagonistas de la ubicación del campamento en el que se desarrolla el primer tramo de su odisea, cambia el escenario porque sabe que ha agotado el original con la brutal conclusión del primer volumen. Es una gran declaración de intenciones con la que deja claro al lector que no puede acostumbrarse a nada… ni a nadie. Más allá de su protagonista, no hay personajes intocables. Todos pueden sucumbir en cualquier momento. Y por eso la lectura es, ya desde el principio, muy entretenida. En todo caso, los detalles son los que hacen que Los muertos vivientes se sitúe por encima de otras obras sobre zombis o de terror. Los detalles más humanos. La serie arrancó poniendo el énfasis en los protagonistas humanos, en sus reacciones a un horror imprevisible. El segundo volumen lo acentúa, con Lori reprochando a Rick que invite a unos desconocidos a dormir con ellos en la caravana, las conversaciones sobre embarazos, la felicidad y el futuro de la humanidad cuando esta plaga forme parte de la historia, o con el debate sobre lo que se debe hacer con los zombis mientras aparece una solución a este enorme problema global. Incluso se permite el lujo de hacer un número de una serie llamada Los muertos vivientes, el décimo, en el que ni siquiera sale un zombie.
Esa es la mejor muestra de la genialidad con la que Kirkman maneja el tempo de la serie y el protagonismo de sus personajes. Busca mantener en tensión al lector, que nunca sepa por dónde va a venir la siguiente sorpresa. El dibujo de Charlie Adlard destaca por el mismo motivo que el de Tony Moore para el primer volumen: encaja perfectamente en el guión de Kirkman. Adlar busca sombras con mucha más firmeza que Moore, incluso en escenas diurnas (magnífica la splah page de Lori ante la tumba de Shane que devuelve el horror después de un mínimo interludio casi feliz para arrancar este tramo de la historia), es menos sutil y más explícito que su predecesor pero también consigue una gran expresividad en los rostros de sus personajes, algo que se evidencia en el final de cada uno de los seis capítulos que incluye este segundo volumen. Siempre, salvo en una ocasión, finaliza con los personajes humanos. Siempre con elementos que se desarrollarán en los siguientes números. Siempre engrandeciendo la pretensión de crear cliffhangers que hay en los guiones de Kirkman. Puede que comparativamente Adlard esté un peldaño por debajo de lo que había conseguido Moore en el primer volumen, pero acompaña con acierto la historia y deja muy buenos momentos, como algunas viñetas del ataque de los zombis en el número 11.
Los muertos vivientes. Muchos kilómetros a las espaldas incluye los números 7 a 12 de The Walking Dead, editados por Image Comics entre abril y septiembre de 2004. Los seis números americanos que comprende esta primera edición en España, que tiene como único contenido extra un artículo a modo de conclusión escrito por Simon Pegg, también se pueden encontrar en el primer volumen integral de Los muertos vivientes que ya ha editado Planeta DeAgostini.