Duración: 39:49 (7 cortes).
Distribuidora: Epic.
Pocas películas dejaron tan mal sabor de boca en el aficionado al cómic en el que se basó como Juez Dredd (Danny Cannon, 1995). Y eso que había mimbres para sacar algo positivo. La primera secuencia de la película, la que mostraba la guerra de bloques tan esencial en las viñetas del personaje, prometía algo diferente. Incluso la planta de Stallone dando vida a Dredd parecía ideal e incluso con el excesivamente lujoso vestuario creado para la ocasión por Gianni Versace había ilusión en crear un mundo atractivo, aunque ya con eso se alejara bastante del espíritu del cómic. La poca magia que ya mostraba la película se rompió cuando el personaje principal se quitó el emblemático casco y ya no se lo volvió a poner (algo que, por fortuna, corrigió el reboot de la franquicia, Dredd). Pero la película dejó un elemento que sí suscitó el elogio casi unánime, la excepcional banda sonora compuesta por Alan Silvestri, que convenció por completo y que se encuentra entre los mejores trabajos de su autor, sin duda el mejor en el terreno de la acción, a la que acompañ con mas fuerza incluso que la proviene de las imágenes del filme.
En un año especialmente prolífico en su carrera (compuso cinco partituras para el cine; además de Juez Dredd, la también formidable Rápida y mortal, Cuando salí de Cuba, Vuelve el padre de la novia y Discordias a la carta) se reservó para su primer trabajo relacionado con el mundo del cómic su obra más cuidada y efectiva. Y en realidad no tuvo que apartarse demasiado del estilo que le había convertido en un compositor importante. Su estilo, el que ya había mostrado en la trilogía de Regreso al futuro o en las dos partes de Depredador se reconoce con facilidad (sólo de forma reprochable en Angel Family, donde prácticamente calca sonidos de Depredador 2), pero de una forma que da personalidad a la película. Y con otra peculiaridad: se escucha prácticamente como si fuera una sinfonía secuencial, con una muy difícil diferenciación de sus cortes. Los siete temas instrumentales que aparecen en el CD son un espléndido todo construido a partir de un tema central poderoso y contundente, con una base muy fuerte de percusión (como anécdota, este tema lo uso Telemadrid durante muchos años como su sintonía para los partidos de fútbol que televisaba). Esas notas se escuchan con especialmente resonancia en Judge Dredd Main Theme, arranque de la película pero no versión orquestal del tema, algo que sí es Block War, y después en New World.
Esa concepción casi operística, que es una de sus mejores bazas y permite que se escuchen los casi 40 minutos de música instrumental de un tirón y sin apenas sentir el tiempo, es quizá también uno de sus leves defectos, por el simple hecho de la práctica imposibilidad de destacar un tema por encima de otro. Y también fue una novedad con respecto al todavía escaso bagaje de la música cinematográfica de cómic, especialmente de superhéroes, que se había producido hasta la fecha. Por si quedaba la más mínima duda de la genialidad del trabajo de Silvestri, los dos últimos minutos de New World son una extraordinaria muestra de la inmensa categoría y el indudable ritmo de la música de este compositor para Juez Dredd. Aunque el trabajo de SIlvestri aparece en el CD con una duración aceptable, la edición de esta banda sonora pagó el mismo peaje que otros muchos discos, sobre todo de su época, al tener que incluir un elevado número de canciones que, además, obtienen más protagonismo en el etiquetado. The Cure, The The, White Zombie, Cocteau Twins, Leftfield, Ryo Aska y Worldbeaters con Youssou N’Dour son los autores de las siete canciones que preceden a los temas de Silvestri en el disco. Pero es ahí, en las notas del compositor, donde se compone el auténtico sonido de Juez Dredd, el que incluso ante los negativos resultados de la película permite recordar su título con un halo de satisfacción. Imprescindible.