CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con El Torres sobre ‘Nancy in Hell’, ‘El velo’, ‘El bosque de los suicidas’ y ‘Tambores’

1235020_216430145188226_1644322837_nNancy in Hell, El velo, El bosque de los suicidas y Tambores nacen de la gran imaginación de El Torres. Son las cuatro novelas gráficas de terror que ha publicado ya en España con Dibbuks y que Cómic para todos ha repasado en esta semana. Ahora llega el turno de coronar este especial de la mejor manera posible, cediendo la palabra al propio El Torres. En esta entrevista que nos ha concedido el autor malagueño (¡una vez más, muchas gracias!) nos cuenta detalles de estas cuatro historias sobrecogedoras y muy recomendables para todo aquel que disfrute con el miedo que El Torres tan bien sabe transmitir en sus trabajos.

Me gustaría habla primero en general de estas cuatro novelas gráficas y después entrar en cada una de ellas… Hablamos de cuatro títulos de terror, pero muy diferentes entre sí y con bases que no tienen nada que ver. ¿Qué buscas con estos saltos de cultura y localización entre una y la siguiente?

Sí, hay una serie de factores más o menos comunes en todos mis tebeos. Es inevitable, están escritos por la misma persona. Pero creo que toda historia, y más si es de terror, ha de tener un final. Debemos saber que la historia termina, que los buenos pueden ganar o que los malos pueden vencer (el género de terror permite bastante bien que «los malos» ganen sin que el lector se sienta decepcionado). Así que una vez que la historia ha terminado, es hora de hacer las maletas y saltar a la historia siguiente. El género de terror es tan amplio como quieras que sea. Hay tanto campo por explorar que no creo que falten las historias. Sencillamente, también es por no repetirme demasiado.

Has podido dedicarte a estas historias personales y publicarlas en Estados Unidos sin necesidad de pasar por el peaje del cómic de superhéroes, que a veces parece imprescindible. Aunque sea una pregunta ingenua, ¿cómo lo has hecho? ¿Cómo convences a editoriales como Image o IDW para que te den luz verde a estos títulos?

Supongo que hubo una mezcla de suerte, insistencia, trabajo duro y estupendos colaboradores. Estuve intentándolo durante mucho tiempo, y siempre encuentra uno puertas cerradas, o editores aprovechados que sólo quieren al dibujante o al colorista y mientras tanto, te entretienen con propuestas que nunca se concretan.  Ahora es más difícil que antes. La cantidad de grandes autores y nuevos talentos que van a las independientes es mucho mayor que hace cuatro, cinco años. La cosa es no rendirse nunca, porque de cada veinte proyectos, con suerte aceptarán uno o dos.

Entramos en las novelas gráficas por separado. Nancy in Hell es la más gamberra de todas. ¿Eso se debe a que fue uno de tus primeros trabajos o crees que hoy en día habrías firmado algo parecido con ese punto de partida?

Hoy día también habría hecho algo similar. Quizás sin dar tantas referencias por sabidas, o estructurando la historia de forma diferente. Pero Nancy es muy divertida de escribir. Te permite saltarte los patrones más o menos reales de toda historia de terror, y hacer el cafre jugando con conceptos tan grandes como Cielo e Infierno, y hacerlo sin preocuparte más que por poner una buena cantidad de sangre de por medio y una chica atractiva y malhumorada. El género «trash», o de serie B, o como queramos llamarlo, es una parte importante del género de terror. Y todos hemos visto películas y leído tebeos de ese género. Es todo como una enorme comedia slapstick, un garrotazo en la cabeza llevado al extremo.

¿Cómo fue el trabajo con Juan José Ryp? ¿Crees que afecta mucho que no pudiera completar él la historia?

Aunque tuve la suerte de contar con buenos asistentes para terminar la historia, Juan José Ryp es el otro padre de Nancy. Su idea, su diseño, fueron muy importantes para el desarrollo de la chica de la motosierra… y prueba de ello es que es de los personajes más reconocibles de los que hemos creado. Luego, entre otros autores, ha tomado los lápices Enrique Lorenzana, que ha adoptado muy bien a Nancy. Me encantaría que volver a trabajar con Juanjo, pero es difícil pillarlo ahora, liado entre DC y la exitosa serie de Clone.

Pasamos al siguiente título Me resulta inevitable ver en El velo referencias a El sexto sentido. ¿Fueron buscadas desde el principio o surgieron a medida que moldeabas la historia?

Al principio me volvía un poco loco intentando evitar toda referencia a El Sexto Sentido, y de tanto esquivar quedaba todo un poco artificioso. Sí, ha habido detectives de lo sobrenatural y gente que ve muertos desde hace muchísimo tiempo en la ficción (como John Silence, de Algernon Blackwood), pero la referencia audiovisual de nuestros días, lo que está en el imaginario colectivo, es la obra de Shamalayan. Así que me dije que al diablo, y la verdad es que que Chris Luna, la protagonista de El Velo, viva en un mundo donde pueda ver en la tele El Sexto Sentido y Entre Fantasmas y reírse porque no es «lo real» le añade mucha fuerza.

El guión inspira terror por sí solo, ¿pero habría sido muy distinta la obra sin las ilustraciones de Gabriel Hernández? ¿Qué indicaciones le diste o qué diseños o bocetos te fue dando él hasta dar con el estilo definitivo?

Gabriel es un amplificador natural de todo lo bueno que tenga una historia. Sin él, El Velo y El Bosque de los Suicidas no habrían sido las mismas obras ni de lejos. Al principio, el proceso de encontrarnos el uno al otro costó un poco de tiempo. Tiempo que se tradujo en un montón de páginas que Gabriel rehizo. Pero una vez conectamos, es genial trabajar con él, porque coge una idea secundaria, la potencia y le dota de significado. Por ejemplo, ocurre con El Hombre Babosa, la entidad malvada de El Velo. A la hora de describirlo yo pensaba en algo más o menos informe y viscoso. Gabriel vino con esta idea: «He pensado que como este bicho intenta penetrar en nuestra realidad, y forzó a Chris, debería tener forma fálica. Así queda reflejado una especie de temor primordial de Chris». Y eso es sólo una muestra.

Creo que soy de los pocos que se siente más impactado por El velo que por El bosque de los suicidas, pero es verdad que hay un definitivo salto de madurez entre una y otra. ¿Cómo lo ves tú? ¿Notas mucha diferencia entre una y otra?

Sí. Por una parte, intentamos esquivar el monólogo interno que sostenía Chris Luna en El Velo. Quería que fuera una obra más coral, con varios personajes y varios puntos de vista, pero sin tener que ir tirando de cartuchos en primera persona. Y por otra parte, queríamos tener una especie de desafío creativo. Tratar de imprimir ritmos a la historia. Crear monotonía con las viñetas, dar sustos con ritmo. Intentar trasladar movimientos pausados, deliberadamente lentos a la historia. Jugar con las simetrías. Aprendí muchísimo con El Bosque…, y la verdad es que salió de forma muy natural y muy rápida. El Velo es una obra menos planteada. Teníamos un personaje muy potente y todo gira en torno a él. En El Bosque… teníamos un entorno muy potente y muchas historias que se entrelazaban. La manera de aproximarnos al segundo tenía que ser más meditada.

¿Puede ser el mayor reto, tanto a nivel narrativo como visual, el abrazar una cultura como la japonesa para la historia de El bosque de los suicidas? Me refiero a que en Nancy in Hell no hay límites, pero aquí los impone la tradición. ¿Cómo afecta la necesaria documentación a esta historia de ficción?

Es que la premisa era tan atractiva que resultaba difícil no abrazarlo con todas tus fuerzas. Siempre me ha gustado mucho la cultura japonesa tradicional. Estudié japonés en mi juventud, leo tochos como el Heike Monogatari (traducciones, claro), por lo que la documentación no costó demasiado. Cuando supe de la existencia del bosque, la historia saltó instantáneamente. Tiene mucho del «kaidan» clásico japonés, mucho del terror cinematográfico nipón. Pero intentamos esquivar el atractivo «otaku» que tiene Japón para la juventud. Queríamos que fuese una obra «realista». Sin negar las influencias, pero también sin caer en lo clásico de la admiración ciega y mímesis de la manera de contar historias a lo japonés.

¿Cómo te planteaste Tambores para que, partiendo de nuevo de las características de terror de una cultura tradicional, fuera un trabajo tan distinto a El bosque de los suicidas?

A la hora de aproximarse a la historia, decidí que Tambores fuese más una historia policíaca, de investigación, que lo más clásico de lo sobrenatural irrumpiendo en un entorno más o menos cotidiano. Es un «whodunnit», un «busca al asesino», pero con una enorme trampa, porque al tener elementos sobrenaturales las pistas que dejas al lector pueden ser completamente surrealistas. Pero aún así, hay pistas sueltas que te indican quién es «el malo» de la historia y lectores muy hábiles captándolas. Me costó un poco investigar las rutinas del FBI, pero al final salió muy bien.

Después de dos novelas gráficas tan espléndidas con Gabriel Hernández, casi daba la sensación de que la siguiente sería con él. ¿Cómo fue el cambio y qué crees que aportan Kwaichang Kráneo y Abel García?

Creo que el enfoque que le dieron Kráneo y Abel fue el que necesitaba la historia. Necesitaba algo con mucha tinta, áspero, sucio, con mucha masa de negro. Gabriel es tan bueno que rápidamente Marvel le cogió como autor en exclusiva y lo llena de trabajo. Llevamos un año Gabriel y yo queriendo volver a trabajar juntos, y he de confesar que el que va muy retrasado soy yo. Pero le estoy poniendo remedio. Puede que Tambores no haya tenido tanta repercusión como los otros tebeos (de hecho, el más exitoso en términos de ventas ha sido Nancy in Hell, que es puro divertimento), pero es una obra que personalmente me gusta mucho. Y curiosamente, aunque ha habido propuestas de adaptación para los otros tebeos, Tambores, el que creo que es más adaptable, no ha recibido ninguna.

Para acabar, y aunque eso nos daría para una entrevista completamente diferente, ¿qué tal va Amigo Comics, tu editorial en inglés? ¿Y cuáles de sus títulos podremos ver en el mercado español en las próximas fechas?

Amigo Comics es una locura. La primera editorial con obras españolas orientadas a un público norteamericano. Las críticas y la recepción han sido muy buenas. Aunque no tenemos mucha inversión como para hacer una editorial «grande» con grandes inversiones en marketing y demás, nuestros tebeos están siendo muy alabados. Ya se han interesado varias editoriales españolas por los tebeos de Amigo. Creo que la primera en ver la luz será otra obra de terror: Las Brujas de Westwood. ¡Espero que guste tanto como las anteriores!

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Esta entrada fue publicada el 20 septiembre, 2013 por en Dibbuks, El Torres, Entrevista.

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