Duración: 54:55 (21 cortes).
Distribuidora: Warner España.
Cuando se anunció definitivamente que habría una película de Batman en 1989, uno de los objetivos a todos los niveles era borrar por completo la sensación de que pudiera parecerse a la serie y posterior filme de los años 60, a su tono camp de comedia y su divertimento de color. Los créditos iniciales del Batman de Tim Burton son, en ese sentido, toda una declaración de intenciones para alejar fantasmas. Y no poca responsabilidad de ese golpe sobre la mesa artístico radica en el poderoso y oscuro tema escrito por Danny Elfman. Esas notas son, de hecho, las que sirvieron para conseguirle el trabajo. Y es que uno de los productores, Jon Peters, no estaba nada convencido de que fuera el hombre indicado para el trabajo. Pero Tim Burton ya había iniciado su rica asociación con el compositor con La gran aventura de Pee-Wee y Bitelchús y le quería junto a él. Todo un golpe de fortuna para los aficionados al cine, al cómic, a Batman, a Burton y al propio Elfman porque este score sigue siendo a día de hoy referencia ineludible en el género y una de las mejores composición de la carrera de su autor.
Elfman supo entender las mejores claves de la música para superhéroes, siguiendo a su manera la dirección que había marcado John Williams en su extraordinario trabajo para Superman (Richard Donner, 1978). El leit motif para el protagonista funcionó a la perfección. Por supuesto, pasado por un filtro siniestro y muy personal, pero entendiendo el tono de la película y del personaje. Una vez escuchados sus créditos iniciales, Elfman consigue carta blanca del espectador. Con ellos ha triunfado en lo más difícil: ha creado una melodía que se identificará con el personaje durante años y que no se ha olvidado ni siquiera a pesar de que no suena en la gran pantalla desde hace más de dos décadas, pues el compositor fue sustituido por Elliot Goldenthal para las dos películas de Batman dirigidas por Joel Schumacher y por Hans Zimmer (con James Newton Howard en las dos primeras entregas) en la trilogía de Christopher Nolan. Y supera otra prueba importante: la comercialidad de Prince. Warner quería usar las canciones de un artista conocido e incluso el disco de Prince fue el primero en salir a la venta para conseguir atención para la película. Elfman entendió que Prince era la encarnación de la música para el Joker (aunque no renuncia a sumar su personal locura musical al antagonista del héroe en la circense Kitchen, Surgery, Face-Off, en la juguetona y dramática Clown Attack o en la alocada Waltz to the Death), por lo que él se entregó a conciencia para darle un sonido a Batman.
Y en esa tarea, Elfman se demostró como uno de los grandes compositores cinematográficos de la última década del siglo XX, creador de una forma de entender ese arte y tan significativo como cualquier otro elemento de la película en la construcción del personaje. La tétrica atmósfera casi sobrenatural de Roof Fight o la espectacularidad de Batman to the Rescue y de todo el tramo final de la película (formada por el tríptico Charge of the Batmobile, Attack of the Batwing y Up the Cathedral) se suman al magnífico Finale que supone un extraordinario cierre de la película. Pero la joya de esta banda sonora, genial en su conjunto, está en la memorable y fantasmal travesía del Batmóvil hasta la Batcueva, Descent Into Mystery, una formidable y breve composición en la que Elfman utiliza los coros con mucho acierto. Batman es un trabajo magnífico, imitado hasta la saciedad. No ya sólo por el propio Elfman, que se referenció con Dick Tracy, Darkman o incluso algunos momentos de Spider-Man, sino también por compositores mucho más consolidados en películas basadas en cómics, como fue el caso de Jerry Goldsmith en La Sombra. Casi un cuarto de siglo después de su creación, el Batman de Danny Elfman sigue siendo una obra magna dentro de su filmografía y un modelo a la hora de entender la música para un icono del noveno arte, en la que muestra un dominio de todos los tonos que experimenta el filme de Tim Burton, desde lo más cómico a lo más tétrico, pasando por lo mejor que ofrece este score: su solemne espectacularidad.