Guión: Gerard Jones.
Dibujo: Gene Ha.
Páginas: 96.
Precio: 8,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Junio 2013.
Ha pasado mucho tiempo desde que Batman hizo una alusión amable a la música de la rebelde Janis Joplin, por supuesto después de coger prestados los discos de Robin, en la historia con la que se conmemoró en 1969 el 30º aniversario de la primera aventura del Caballero Oscuro, El caso del sindicato químico. La propuesta de Batman. Hijo de la fortuna casi parece recordar aquel diálogo, algo casual en los años 60 en que se escribió, para darle la vuelta y optar por un modelo más tradicional, con Batman posicionado en contra del rock, como la música del diablo y generadora de violencia, y con Robin en el ala contraria, con unas dosis de rebeldía que pocas veces se ha visto en un Dick Grayson de esa temprana edad. Y aunque la dicotomía promete tanto como la vinculación de Batman con una historia sobre la música, el resultado final es una mezcla extraña e indefinida, un formato prestige que encaja en la época en que se realizó, finales de los 90, pero que necesita de más de una lectura para comprender algunos de los objetivos que se plantearon el guionista Gerard Jones y el dibujante Gene Ha.
Hay más brillantez, en todo caso, en el trabajo de Ha que en el de Jones. Y eso que en un primer vistazo cuesta aceptar las decisiones del ilustrador a la hora de retratar a Batman, menos amenazador que en otras versiones, con los cuernos de la capucha mucho más anchos que de costumbre y, sobre todo, con los ojos a la vista, igual que Robin. También sorprenden los arriesgados diseños futuristas de Batmóvil y Batwing, que chocan con el tono clásico que se pretende imponer a la historia y que se deja ver no sólo la misma temática de la historia sino otros elementos como la radio de la Batcueva, por ejemplo. El dibujante ya muestra aquí algunas de las cualidades que le hicieron ser nominado ese mismo año al Premio Eisner al mejor dibujante por Starman y que llevaron a Top Ten, de Alan Moore, a ganar el mismo premio a la serie nueva en 2000 y a la serie continuada en 2001. Su divertida composición de página, su oficio a la hora de recoger los guiños musicales que Jones plante en su guión o el quién sabe si consciente homenaje al Batman televisivo de los años 60 hacen que su trabajo sea más que apreciable.
Pero la historia no termina de enganchar porque no hay demasiada claridad al margen del objetivo de dar un fondo musical a una aventura de Batman. Ya desde el principio es difícil asumir la cerrazón con la que el héroe afronta el conflicto (y que cambia sin que la explicación sea demasiado convincente) o su extraño final, pero es más problemático que no haya avances reales en la historia, más anecdótica e insustancial de lo que parece en los momentos más conseguidos del guión. Es loable el trabajo de dar una ambientación rockera al relato y de homenajear a figuras míticas como Elvis Presley, o incluso la buena secuencia en Arkham que sí permite descubrir nuevos aspectos de algunos integrantes de la galería de villanos del protector de Gotham. Pero quizá el problema sea precisamente que Batman sea el protagonista de una historia a la que le falta oscuridad, puede que un justiciero urbano más colorista como Green Arrow hubiera encajado mejor.
Batman. Hijo de la fortuna es indudablemente una rareza, material goloso para los completistas, pero sobre todo una historia extraña, de difícil encaje en la mitología del Caballero Oscuro y con un discurso musical a medio hacer. Se deja leer con suma facilidad, pero no deja el poso que seguramente pretendía. DC Comics publicó originalmente Batman: Fortunate Son en 1999, y la reedito en este 2013. La edición española del volumen tiene un artículo de presentación a cargo de David Fernández y una nota final firmada por los dos autores para acreditar la participación en el proyecto del editor Archie Goodwin, a pesar de que cuando murió de cáncer en marzo de 1998 apenas se hubiera escrito un primer borrador del guión.