Autor: Javier Matesanz.
Páginas: 236.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2013.
En muchas mentes hoy adultas, el recuerdo de la lectura de cómics va unido al del coleccionismo de cromos, los intercambios en el recreo, la escapada al kiosko para comprar sobres, la satisfacción de tener un álbum completo. La vida en cromos. Los álbumes de nuestra vida es el nostálgico recuerdo que Javier Matesanz le dedica a esta actividad equivocadamente vinculada con exclusividad a los ratos de ocio de los más pequeños. De hecho, esas dos, la nostalgia y que el cromo no tiene edad, son las ideas centrales de un libro muy bien maquetado, profusamente ilustrado, que se lee en un suspiro y en el que los mayores de 30 años encontrarán muchísimas imágenes que estaban escondidas en los más preciados rincones de su cerebro, cuando no, si son afortunados, en algún lugar de sus estanterías. Los que no hayan tenido la ocasión de disfrutar en su niñez de la edad dorada del cromo, los años 70 y 80, tienen en las páginas de este libro una preciosa oportunidad para descubrir la historia del cromo y, de forma más personal, qué clase de pasatiempo era este que hacía las delicias de críos y mayores en otros tiempos más imaginativos que los actuales.
El libro se divide en cinco partes. En la primera, Apto para todos los públicos, Matesanz traza una breve historia del cromo en el mundo y en España, donde se detiene en la especial importancia que tuvieron en el desarrollo del cromo dos editoriales en concreto: Fher y Panini. La segunda, La piscina que se llenó de cromos, es una entrevista con Lluís Torrent, uno de los nombres destacados de Panini, que descubre cómo es y cómo funciona la industria del cromo (y confirma que «el cromo difícil es un mito» y que «Panini hace siempre el mismo número de todos los cromos»). En la tercera, Colección de colecciones, se hace un repaso de los álbumes más conocidos y representativos de la época, divididos en álbumes de fútbol, de películas y series de televisión, de Disney, de colecciones de series de dibujos animados editadas por marcas de yogures y de bollería, álbumes pensados para niñas, de escudos y banderas y de animales. Para el cuarto capítulo quedan las Rarezas. Y el quinto y último, En la periferia del cromo, ofrece algunas colecciones que no son exactamente de cromos pero que guardan muchas similitudes.
A pesar de compartir algunos códigos y de haber engatusado a una misma generación de niños, los cromos de cómic no han sido muy destacados. En el libro aparecen auténticos elementos de coleccionsita como el álbum Superman en el planeta condenado, publicado por Fher nada menos que en el año 1958; Spiderman, Batman y los superhéroes, una colección que mezclaba personajes de Marvel y DC editada por Cropan; Superhéroes, este sólo ya con personajes Marvel; incluso el álbum que editó el efímero diario El Independiente con las tiras de prensa de Batman. También, por supuesto, hay álbumes con las películas basadas en cómics, como Superman (Richard Donner, 1978) y Superman II (Richard Lester, 1980), Batman (Tim Burton, 1989). Igualmente, de series de televisión, como Spider-Man. El Hombre Araña, y de dibujos animados como Los Pitufos, Dragon Ball o Batman. The Animated Series. Estas colecciones y todas las demás que aparecen en el libro, muy visual para despertar los recuerdos del lector, suponen un hermoso paseo nostálgico y emotivo. La vida en cromos no es un libro exhaustivo sobre la historia de este medio, pero sí un magnífico homenaje a esta forma de coleccionar imágenes y a quienes han invertido muchas horas y mucho dinero en la siempre mágica tarea de abrir sobres, buscar aquellos cromos que faltaban en la colección y pegarlos en los álbumes.