Guión: Arnaud Delalande.
Dibujo: Éric Lambert.
Páginas: 48.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2013.
Arnaud Delalande y Éric Lambert continúan El último cátaro con El juicio de Dios, tercer número de la serie. La principal novedad es que la narración salta varias décadas en el tiempo, manteniendo al personaje protagonista pero cambiando por completo la situación de quienes habían intervenido hasta este momento. Queda, por tanto, algo aparcada la acción que marcó el segundo libro de esta serie de aventuras con base histórica, aunque sí tiene escenas similares, y se recupera en cierta medida el tono de presentación del primero. Como ya sucedió con los dos primeros números de esta serie, ¡Matadlos a todos! y La sangre de los herejes, el volumen se publica simultáneamente en Francia y en España. Para este tercer número, Delalande y Lambert cierran el cliffhanger con el que finalizó la segunda entrada, el hallazgo del tesoro de los cátaros, y se aventuran a cambiar por completo el paso de la narración, dando identidad propia a este nuevo capítulo. Y es que en apenas tres páginas cierran la búsqueda que Escartille, el último cátaro que da título a la obra, había acometido en La sangre de los herejes.
Comienza este tercer libro en el mismo instante en el que acabó aquel y acto seguido se desvela ese secreto por el que tanta sangre se había derramado. Ese prólogo es poderoso y capaz de llamar la atención incluso sin la necesaria lectura de los dos primeros álbumes de la serie, pero aún impacta más la estrategia de los autores de dar un salto en el tiempo y continuar la historia 30 años después. Delalande cambia el paso en este tercer número gracias a esa elipsis con la que arranca, y que de alguna manera pilla desprevenido al lector. El foco lo pone en los reencuentros de los personajes principales de ¡Matadlos a todos! y La sangre de los herejes y en la introducción de los nuevos personajes, sin que hagan falta demasiados acontecimientos trascendentes para que la historia vaya avanzando con cierta fluidez. Cierto que en el tramo final acelera el ritmo, pero la idea de dejar un escenario establecido para la siguiente entrega vuelve a ofrecer tranquilidad en el relato. Quizá lo más discutible del guión está en que esa elipsis de 30 años parece un agujero negro. No se dan apenas explicaciones de las actividades de Escartille en ese tiempo, como sí se dan de sus antagonistas, Lansquenet y Aguilah de Quilan.
Con la escena del juicio, Delalande intenta ofrecer un trasfondo más filosófico a la historia, pero de alguna forma la atención del lector se desvía hacia en la narración paralela y el plan para la huida de Escartille. En esa escena climática, el guionista consigue una gran intensidad emocional gracias al personaje de Heloïse, la novedad más atractiva de esta tercera parte de El último cátaro. Si el guión sigue las pautas ya establecidas, lo mismo se puede decir del dibujo. Los dos primeros números ya habían demostrado que Éric Lambert es un dibujante muy marcado por la tradición y el presente del cómic histórico franco-belga, y esas constantes se mantienen en El juicio de Dios. La minuciosidad y el detallismo de los escenarios hace que su trabajo llegue con facilidad el lector, que se ve zambullido de forma inmediata en la época histórica retratada gracias a la espectacularidad de fondos y escenarios. La acción funciona con bastante corrección, sea la mostrada brevemente, como en la batalla junto a los muros de Tolosa que se ve en las primeras páginas de este volumen, o en el largo clímax en el interior de la ciudad después del juicio de la Inquisición, donde también consigue algunos primeros planos muy logrados. Le falta algo de movilidad a sus personajes, generalmente en la expresión facial, pero es un trabajo bastante interesante y conseguido, que no esquiva en absoluto los instantes más crudos y violentos de la historia.
Alcanzando ya la tercera etapa, El último cátaro suma ya 138 páginas de narración en las que ha ido construyendo una historia atractiva, profusamente documentada y con personajes bien construidos, una buena muestra de cómic histórico europeo, ceñido a los cánones que han hecho que este género triunfe. Y ha llegado a un punto de gran interés, donde el tesoro de los cátaros del que tanto se habló en las primeras entregas está ya al descubierto y personajes que parecían antagónicos se han visto obligados a colaborar contra enemigos comunes. Delalande y Lambert hacen avanzar la historia apostando por el entretenimiento y soltando algunas pinceladas de mayor trascendencia que, si bien son atractivas en su planteamiento, todavía tendrán que confirmarse con el final del relato.