Guión: J. Michael Straczynski.
Dibujo: Eduardo Risso.
Páginas: 32 por ejemplar (2).
Precio: 2,50 euros por ejemplar.
Presentación: Grapa.
Publicación: Abril – mayo 2013.
Moloch no era uno de los títulos que formaban parte de Antes de Watchmen cuando DC anunció la oleada de miniseries con las que, arriesgando mucho, decidía continuar el legado de la obra de Alan Moore y Dave Gibbons, para muchos el mejor cómic de la historia. Y, sin embargo, J. Michael Straczynski y Eduardo Risso acabaron firmando una de las mejores historias de la línea. Trágica y hermosa, en constante evolución después de un arranque con aires de rutina, y muy compleja en formas y analogías a pesar de su corta extensión, apenas dos números. Las primeras páginas de Moloch enganchan sólo por el referente, por el personaje muy secundario y misterioso que crearon Moore y Gibbons en Watchmen. No hay muchas diferencia entre éste y otros muchos personajes, villanos de cómic, divertidos pero algo planos. Un aspecto físico que provocó las burlas de los demás niños, una crueldad con él de quienes eran más agraciados físicamente, en especial de las chicas, un primer y catártico crimen que le empujó a la vía del delito. Pero, de repente, Straczynski y Risso desvelan que han engañado al lector y que le reservan una historia trágica y demoledora.
En realidad, lo que Straczynski compone está en las antípodas del tópico y mucho más cerca del drama patético que forma parte indispensable del Watchmen original. Dejando de lado la previsibilidad de un plumazo ya con el final del primero número, el arranque del segundo lleva a los caminos de la redención. Esa impresión se ve reforzada por las analogías cristianas que propone el guionista, con el Dr. Manhattan como equivalente a Dios por su omnipotencia y con Ozymandias como el mesías que le devuelve al buen camino. Y después retorna a la tragedia cuando se desvela lo que el lector de Watchmen ya conoce, la cruel parte de Moloch en el plan maestro de Ozymandias. Quizá ese sea el principal pero que plantea esta miniserie, la necesidad de haber leído la novela gráfica de Moore y Gibbons para comprender la segunda mitad de ese segundo número, pero no impide apreciar una singular poesía en su desenlace. Sólo un villano, y Moloch lo es por mucha empatía que pueda despertar, es capaz de apreciar belleza en el horror que se desencadena en Watchmen.
Strackzynski, también autor en Antes de Watchmen de Búho Nocturno y Dr. Manhattan, encuentra una forma distinta de narrar para cada una de sus series. En el caso de Moloch y aunque no marca en absoluto el resultado final, quizá eso sea lo más inconsistente. Si bien el primer número es una confesión del protagonista a un cura, el segundo cambia el tercio y es una narración omnisciente. ¿Una nueva analogía sobre la inevitabilidad del plan de Ozymandias? Tratándose de Straczynski, quién sabe. El Ozymandias que muestra aquí Straczynski es, probablemente, el más cruel, frío, seco y calculador que puede situarse detrás del personaje que mostraron Moore y Gibbons. Lo mejor de la interpretación de Moloch que lleva a cabo el autor está en su cambiante naturaleza, con una inevitable base de fatalidad. De alma torturada pasa a ser el villano de la historia. Desde ahí, recibe una segunda oportunidad de ser una buena persona para acabar comprendiendo su verdadera naturaleza en un final brillante.
La evolución de Moloch la plasma con maestría sobre la página Eduardo Risso. Y es una evolución tanto psicológica, que se ve en la sinceridad que hay en sus expresiones faciales, como física, ya que nada tiene que ver el Moloch de joven, ágil y esbelto, con el que encuentra Ozymandias al salir de prisión, encorvado, ajado y envejecido. Paradójica y brillantemente, cuanto mejor quiere ser como hombre más aspecto de monstruo tiene. Jugando con las sombras en los rostros, dejando ver apenas ojos y boca, Risso consigue transmitir muchísimo ya desde la primera página de la historia. Risso, un dibujante de estilo muy personal y reconocible, juega a su gusto con la composición de la página, combinación la colocación sorprendente de viñetas incluso con splash pages, pero rinde pleitesía en el segundo número a la clásica rejilla de Watchmen, especialmente en la resolución de la historia pero también en la velada aparición del Comediante. Aún teniendo un trazo muy diferente al de Dave Gibbons, su trabajo encaja a la perfección en el mundo de Watchmen que creó aquel.
Contar con autores como J. Michael Straczynski y Eduardo Risso invalida que se pueda contar a Moloch como una sorpresa total, aunque su protagonista no era precisamente un pilar de Watchmen. Moloch no tenía la consideración de imprescindible de la que siempre gozaron el Dr. Manhattan, Rorschach, Ozymandias, Búho Nocturno o incluso el Comediante. Por eso, Moloch sí se puede entender como una relativa sorpresa. Más aún cuando es capaz de llevar al lector a un terreno inesperado después de un arranque calculadamente previsible. Junto a Espectro de Seda, aún por motivos diferentes, es la pequeña genialidad de Antes de Watchmen. DC Comics editó los dos números de esta serie en noviembre y diciembre de 2012. La edición en español incluye las portadas alternativas que dibujaron Jim Lee para el primer número y Olly Moss para el segundo. La primera de ellas aparece igualmente reproducida como póster en el número 2, mientras que en el 1 se ofrece en las páginas centrales la ilustración de cubierta del propio Eduardo Risso.